Final de la Eurocopa de 1976, disputada en la antigua Yugoslavia, entre los combinados de Checoslovaquia y Alemania Federal. Empate a 2 al final de la prórroga, con lo que llega la ruleta rusa o lo que es lo mismo, la tanda de penaltis.

“No estaba seguro al cien por cien de marcar, lo estaba al mil por cien.” – Antonín Panenka

Serían los checos los que comenzarían…Gol…y así sucesivamente sin error alguno hasta llegar al quinto y decisivo lanzamiento con el resultado de 4-3 a su favor, ya que por parte alemana Ulrich Hoeneß había errado.

El mayor logro futbolístico de la selección checa (fue subcampeón del mundo en 1934 y 1962 y semifinalista europeo en 1960) pasaba por los pies de Antonín Panenka y por las manos del legendario portero del Bayern Múnich Sepp Maier

Panenka se acercó a la pelota y un instante antes de golpear el balón se dio cuenta de que Maier se estiraba hacia el lado izquierdo. El centrocampista checo conectó con la punta de la bota la parte inferior de la pelota que se levantó un par de metros haciendo una vaselina.

A partir de ese día, esta peculiar forma de lanzar llevaría asociado el nombre de Panenka. Justo tributo al bueno de Antonín.