Las jornadas de competición europea suelen venir seguidas de partidos trampa en la Liga, esos duelos contra un rival en principio asequible que acaban atragantándose. Esta peligrosidad crece exponencialmente si el calendario doméstico comienza a sobresaturarse con jornadas intersemanales, que no son más que caprichos para encajar un imposible en un deporte, en teoría superprofesionalizado, y así dejar unos cuantos millones más en los bolsillos de alguien, sin importar el desgaste que ello conlleva.

Lo hemos visto este fin de semana en equipos como el Sevilla, el Valencia o incluso el Real Madrid. Los dos primeros no pudieron con sus rivales y el equipo blanco, teniendo al Athletic a la vuelta de la esquina, quiso asegurar sus tres puntos reservando pocos titulares ante un Granada al que derrotó gracias a un par de pequeños detalles. Entre las victorias del Villarreal, Atlético y Barça me quedo con este último. No quiero desmerecer el 3-1 de los de la Plana contra un Athletic que no puede seguir el ritmo en este inicio de temporada.

Ni tampoco a un Atlético que se revolucionó con la entrada de Correa y Torres. Simplemente considero que las condiciones que últimamente envuelven al equipo catalán pueden fácilmente convertirse en una traba y que cada punto que gana se debe valorar pensando en enero. El ruido desde la FIFA se ha hecho aún si cabe más molesto en estos últimos meses y ni siquiera se perdona una lesión de larga duración como la que ha sufrido Rafinha.

Así que Luis Enrique decidió utilizar este partido como un campo de pruebas. A los 5 minutos ya se pudo comprobar que el Levante sería un sparring perfecto. Cuatro suplentes y cambio de sistema. El 4-2-Messi-3 que presentó el asturiano no tuvo respuesta en un equipo con 5 defensas plantados en la frontal. El argentino monopoliza y organiza el juego del equipo, acercando su juego y su posición en el campo a lo que hacía Maradona hace 30 años.

Tras la marcha de Xavi su liderazgo en la dinámica del juego es cada vez más evidente y a cada partido ocupa más y más campo. Es capaz de permitir que Iniesta y Suárez descansen y encargarse él mismo de que nadie los reclame sobre el césped.

Al final, asistencia en el primer gol de Bartra, un gol de penalti y otro gol tras jugada tan propia de él. Aún tuvo tiempo de fallar un penalti dudoso. Líderes en solitario, al menos hasta el miércoles, que será un partido mucho más duro.