Un proceso fundamental que está relacionado con el desarrollo y la organización de las neuronas es la plasticidad. Un cerebro en desarrollo, como el de un recién nacido, no es tan vulnerable a los daños como puede ser el cerebro de un individuo adulto. Durante el desarrollo pre o postnatal, podemos sufrir daños cerebrales, incluso de gran severidad, que a los cuatro o cinco años se reflejen en un déficit neurológico escaso o nulo. El cerebro tiene una gran capacidad de recuperación funcional durante estas primeras etapas de la vida.

De esta manera los niños con traumatismos y lesiones sufridas durante el parto pueden parecer totalmente carentes de cualquier anormalidad ya sea en sus funciones y capacidades de moverse (motoras), aprender (cognitivas) y responder a los estímulos (sensitivas). Solo cuando su cerebro sea analizado con técnicas de imagen, como una resonancia magnética, podremos observar que ese cerebro muestra una anatomía anómala resultante de la lesión.

La razón de que el daño anatómico no se refleje en una alteración en sus funciones es porque un cerebro en desarrollo tiene la capacidad de reasignar las funciones cerebrales de las áreas dañadas a otras áreas del cerebro, esto es lo que se suele denominar plasticidad. Esto que se pensaba exclusivo de las primeras años postnatales ha podido ser realizado en individuos adultos. Estudios recientes realizados en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, demuestran como en pacientes que tienen que ser operados de tumores cerebrales, existe la posibilidad de mover la función de la masa cerebral del área a extirpar a otro área sana, con lo que se posibilita el poder reseccionar con un gran margen de seguridad, minimizando las posibles pérdidas neurológicas posteriores a la extirpación del tejido tumoral.

Durante la última década la relación entre el fútbol y el mundo de las neurociencias ha alcanzado límites insospechados. De hecho antes de que tu recto femoral, en la parte anterior de tu muslo, se contraiga para golpear la pelota, en un área de tu cerebro la decisión de golpearla se tomó hace mucho tiempo. Al fútbol no se juega con las piernas sino con el cerebro. El mayor adalid de esta idea fue Johan Cruyff, su clarividencia en este aspecto se resume en esta frase “(…) todos los entrenadores hablan sobre movimiento, sobre correr mucho. Yo digo que no es necesario correr tanto. El fútbol es un juego que se juega con el cerebro. Debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde”. Posteriormente Marcelo Bielsa, Pep Guardiola, Jorge Sampaoli, Arsène Wenger e incluso Luis Enrique Martínez han abrazado esta idea.

Cruyff Xavi Guardiola

Hablando de plasticidad cerebral, el equipo de Luis Enrique el pasado miércoles, en el choque contra el City, dio muestras de ser una escuadra con un entrenador muy plástico. Dejando a un lado su animadversión por Aleix Vidal, se inventó un lateral derecho (Javier Mascherano) y acabó con tres defensas zurdos (Mathieu, Digne y Umtiti), algo anti-natura en el mundo del fútbol. Unas áreas futbolísticas reemplazaron a otras, y el equipo no se resintió…Al menos no excesivamente, algo que ocurre cuando en tus filas cuentas con Lionel Messi.

Messi es otro ejemplo de esta relación entre cerebro y fútbol. Aunque los entrenadores tratan constantemente de encontrar la manera de detenerlo, los jugadores entrenan y visionan vídeos de sus jugadas y algún comentarista de dudoso gusto dice que “siempre hace la misma jugada”  ¿por qué es realmente imparable? Es cierto que su constitución anatómica ayuda mucho, tiene un bajo centro de gravedad, gran velocidad y potencia en la carrera. Sin embargo, aplicando modelos matemáticos de simulación neuronal (simulan como funcionaría el cerebro para alcanzar ese rendimiento) en un artículo de este año Jafari y Smith concluían que la verdadera razón de su éxito radica en que para el sistema nervioso de Messi, para las conexiones entre sus neuronas, el tiempo pasa más lento.

Mientras el resto de los mortales emplean tiempo en que su cerebro le de la orden a sus músculos de contraerse para iniciar la carrera, dar un paso o chutar a puerta, Messi tiene tan sumamente automatizados esos movimientos que puede dedicar más tiempo a elegir la mejor jugada, saber donde están sus compañeros o encontrar el camino más efectivo para llegar a la portería contraria. Si otros emplean, es un ejemplo para que se me entienda, dos milisegundos en que la señal de su cerebro llegue al músculo para hacer un regate y tres en buscar al compañero mejor situado, Messi emplea la mayor parte de este tiempo en pensar qué hacer y no en hacerlo.

Al fin y al cabo Cruyff llevaba razón, si al fútbol le quitamos el cerebro se convierte en un juego en el que habría que pegarle una patada a un balón para que entrase en un rectángulo…¡Un soberano aburrimiento!

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