Hace unos días salía a la luz la “Operación Pizarro”. Procedimiento judicial contra el amaño, mediante apuestas, de partidos disputados en la Segunda B y Tercera División de nuestro país. El juzgado número 1 de Zafra, Badajoz, investiga más de cincuenta encuentros de estas categorías, en los que se sospecha que jugadores de varios equipos amañaban desde saques de esquina, hasta goles o tarjetas amarillas, a través de apuestas con epicentro en China. Esta operación se ha saldado con más de 30 detenidos en todo el país y otros tantos investigados, además de los dos supuestos cabecillas en prisión.

Uno de los detenidos por la 'Operación Pizarro'

Hablamos de más de medio centenar de partidos de diferentes categorías y en diversos puntos de nuestro país, tanto al comienzo de esta temporada, como en anteriores. Fútbol modesto en el punto de mira. Fútbol que sale adelante gracias, en la mayoría de los casos, a personas comprometidas que invierten su tiempo, dinero y esfuerzo en que sus equipos prosperen. Equipos pequeños, muchos con una importante historia detrás, que sobreviven por el apoyo de un pueblo o una ciudad entera, que cada fin de semana acude al estadio a animar a sus jugadores. Afición sufridora.

Directivos, inversores, afición. Todos estos dependen directamente de una de las partes más importantes del equipo: la plantilla. Jugadores que se dejan la piel por defender su camiseta. Entrenan, sufren, pelean. Algunos del pueblo, de toda la vida, que sienten desde pequeños los colores. Otros de fuera, que han dejado su casa y su familia para jugar a cientos de kilómetros. El trabajo manda y el fútbol para la mayoría de los jugadores es su sustento económico, su forma de vivir, lo es todo.

Afición del Badajoz en un partido

Es fútbol pequeño. De presupuestos bajos. Con aspiraciones humildes. Por lo tanto con sueldos que en muchos casos no podrían ni catalogarse como tal. Y creo que ahí reside uno de los motivos que ha podido llevar a jugadores a meterse en el mundo de las apuestas ilegales. Juegas cada fin de semana, compites hasta el final por una motivación económica, a veces, irrisoria. Y aparece alguien y te dice que por hacer un saque de esquina o sacarte una amarilla vas a recibir una cantidad con más ceros de la que vas a cobrar en media temporada. ¿Qué haces?

Está claro que no es justificación ninguna. Además, no tacho a todos los jugadores por esto. Se investigan cincuenta partidos, frente a las decenas de encuentros que se juegan cada semana en nuestra Segunda B y Tercera. Estos hechos adulteran la competición y muchos pagan justos por pecadores. Si nos ponemos a pensar, ¿qué hubiera pasado si esos partidos amañados no lo hubieran estado? Tendrían otros resultados, que seguramente hubieran influido en ascensos y descensos de equipos. Entonces sacrificas a tu club en un partido o varios en detrimento de lograr subir de categoría, o luchar por no bajar.

¿Qué prima? ¿Tu economía? ¿Tu ética? ¿Tu compromiso? ¿Tu necesidad?

Es un debate complicado. Cada jugador sabe sus circunstancias, su situación personal y económica, sus prioridades y su profesionalidad. Lo que sí sé es que este tipo de hechos se tienen que erradicar lo antes posible a favor de un fútbol modesto limpio y sano. Esos son las mimbres de la mejor Liga del mundo, que es la nuestra. Por eso tenemos que luchar.

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