La Eurocopa 2016 ha finalizado con la victoria de Portugal sobre Francia por 1-0. Es el primer gran título de la historia de los lusos (décima selección que consigue la Eurocopa) y, en cierto modo, una revancha en carne ajena de la derrota en la final de 2004 ante Grecia, que se produjo cuando llegaban en situación similar a la que presentaba Francia ayer: locales y favoritos.

Lo de ayer fue el enésimo ejemplo de fútbol contra la lógica y contra las previsiones. Un equipo de llegaba al torneo con la cantinela ganada a pulso en anteriores actuaciones de ser “Ronaldo y diez más”, de ser la eterna aspirante, que empezó rozando el ridículo ante Islandia y pasó como tercera de su grupo, acabó levantando la Copa.

Y es que Portugal sólo ha ganado uno de los siete partidos disputados en la Eurocopa durante los 90 minutos, la semifinal ante Gales. Empató los tres de la fase de grupos, ganó en la prórroga a Croacia y Francia y en los penaltis a Polonia.

¿Les resta esto algún mérito? En absoluto. Nadie ha dominado claramente en esta Eurocopa, apenas se han visto resultados abultados, ha reinado la igualdad, y en ese ambiente Portugal ha sobrevivido mejor que nadie. Aprendió a caminar por el alambre desde el principio y ha acabado triunfando.

Y es que la selección de nuestros vecinos ibéricos tiene instinto de supervivencia. Se trata de un grupo muchas veces denostado. A un fantástico e histriónico líder, como es Cristiano, suman algunas individualidades poco constantes, como Nani, Quaresma, André Gomes, Moutinho o el portero Rui Patricio, capaces de lo mejor y de lo peor y completamente confiados en el crack del equipo. Cabe destacar la labor, casi más psicológica que futbolística de Fernando Santos, su técnico, para convencerles de su fortaleza.

CRISTIANO RONALDO celebra gol Portugal

Con Cristiano como “nueve” ante la desconfianza en el resto de arietes lusos, otros jugadores tuvieron que ir tomando responsabilidades según avanzaba el torneo. Santos montó un centro del campo fuerte, con jugadores como William, Renato Sánchez o Joao Mario, preparados para lanzar a los atacantes. Atrás, encontró en Fonte al acompañante ideal de Pepe.

Con ese plan, incomodaron a Francia al principio de la final, con dominio galo pero sin soltura en su juego. Aunque su líder espiritual y deportivo tuviera que abandonar el campo antes de la media hora, el plan seguía en pie. Eso sí, la nula confianza en sus arietes hizo que el técnico portugués situará ahí a Nani tras salir Ronaldo. Esto dejó a Portugal sin salida. Su centro del campo no tenía calidad suficiente para superar el tremendo físico galo y los balones en largo no podían ser cazados por la menuda talla del reciente fichaje valencianista.

Pero fue un encuentro de claro dominio de las defensas. Si Portugal sin Cristiano no encontraba salida, Francia, con un centro del campo de mucho músculo y poca inspiración, dominaba pero no rompía una bien situada defensa rival.

Lección para aquellos que hablaban de la final como un “Cristiano contra Griezmann”, el uno salió pronto del partido, el otro no pudo entrar al encontrarse siempre bien rodeado de defensas. Por más que el mercantilismo domine este deporte, reducir los partidos a encuentros entre estrellas siempre será inútil, ayer se demostró y, personalmente, me alegro de que así fuera. Y hablando de estrellas, una vez pasada la Eurocopa no puedo resistir la tentación de algo que llevo tiempo diciendo: Pogba está muy sobrevalorado, es muy buen jugador, con físico, pegada y habilidades técnicas, pero ha aportado a Francia tanto o menos que jugadores como Matuidi o Sissoko, si vale 120 millones ¿cuánto valdría Iniesta, por poner un ejemplo? Claro, que si miramos a Portugal, su nueva sensación, Renato Sanches, que ha costado 35 millones al Bayern es un caso parecido. Si el futuro de los centrocampistas es este, nos esperan años de fútbol espeso.

Al ver que Francia, a pesar de que la entrada de Coman por Payet le hizo ganar en profundidad, apretaba pero no ahogaba, el técnico portugués se decidió a hacer cambios en su idea de partido. Metió a Moutinho (por fin un centrocampista de verdad) mediado el segundo tiempo y a Éder en el minuto 79, con lo que introdujo en el campo criterio y un ariete poderoso que pudiera pelear con la defensa francesa. Así, aunque Francia siguió mandando, cada vez con más desesperación, Portugal ahora sí tenía fundamentos en el campo para cazar al anfitrión. En la última jugada del partido, Gignac realizó una mágica maniobra que mandó a un brillante Pepe (nombrado mejor jugador del partido) a dormir contra las vallas publicitarias, y estrelló un balón que superó lentamente a Rui Patricio en el palo derecho de la meta portuguesa. Pudo haber sido el título para Francia y fue la mejor oportunidad del encuentro, pero Portugal también lució un par de disparos lejanos espectaculares de Nani o una gran chilena de Quaresma que detuvo Lloris.

La primera parte de la prórroga dio para poco. Francia seguía chocando contra un muro sin encontrar caminos, y Portugal, con Cristiano hiperactivo arengando desde el banquillo, trataba de dar latigazos sin demasiada fortuna. En el segundo tiempo del añadido, una mano inexistente de Koscielny se convirtió en un tiro libre al larguero de Guerreiro, como si de un aviso se tratara, acto seguido el atropellado Éder cazó un balón lejos de la frontal del que cualquiera hubiera esperado que le diera continuidad combinando con algún compañero, pero él, tal vez por la inconsciencia que da la falta de recursos, decidió que era su momento. Ni Umtiti ni Lloris vieron venir que le iba a pegar desde ahí…

Y fue así como Éder, este tipo con pinta de extraterrestre de la película Predator, que entró en la lista como ariete casi porque a Fernando Santos debió darle vergüenza no llevar ninguno, se convirtió en el héroe más inesperado de la final. Gloria para los proscritos, para los abandonados por la suerte, para Quaresma y sus tatuajes de presidiario, para ese Nani que siempre pareció poder dar más de sí y que se vació en esta Eurocopa, incluso para ese Pepe lleno de malos vicios que esconde un central como la copa de un pino.

Para esa generación que lleva desde que la ramplona Grecia les quitara la cartera en su casa en 2004 persiguiendo una gran actuación para consagrarse y que lo ha conseguido cuando ya todos les decían que estaban acabados, cuando nadie contaba con ellos y cuando mostraron un juego menos alegre. Gloria, claro que sí, para Cristiano, capitán y estrella que, con su peculiar forma de entender el deporte ya fantasea con un nuevo Balón de Oro a pesar de no estar en los momentos decisivos. También para Fernando Santos, veterano técnico que podrá mirar por encima del hombro a todos los compañeros de banquillo de su país.

Pero sobre todo, gloria para Éder, como futbolista es un tronco, por qué no decirlo. Pero siempre podrá decirles a sus nietos que él marcó el gol que le dio el primer título a su selección. Llamado a ser un proscrito, hizo historia.

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