Hace varios años que la Selección Argentina no tiene un funcionamiento acorde al capital futbolístico que posee. Cuenta con un plantel de jugadores que brillan en los clubes más grandes del mundo. ¿En cuántas selecciones ocurre esto? En pocas, pero en la Argentina tener a estos jugadores dentro de las filas de la selección nunca ha sido una solución al eterno problema que hay: ¿Cómo aprovechamos a Lionel Messi?

Despidos de directores técnicos, cuestionamiento desde los medios, críticas muy duras y muchas cosas más forman parte del combo de consecuencias que se desprenden de esta cuestión. Hace años que Argentina no tiene un buen funcionamiento que le permita garantizarse campeonatos. Ha llegado a tres finales en los últimos tres años, pero se las ha perdido con equipos que claramente fueron superiores.

La cultura popular generalmente se pregunta qué es lo que pasa con la estrella, con el mejor jugador del mundo. Lionel Messi, el mejor jugador argentino del planeta y, según algunos que lograron ver al futbolista con el que se lo compara, de la historia, nunca tuvo un momento de lucidez en la selección. ¿Culpa de la presión que ejercen los medios, la gente y el hecho de no haber ganado nada? El autor de esta nota cree que esto es resultado del uso incorrecto de las cualidades de Messi. El rosarino es una estrella que más allá de los lujos y los golazos aporta al equipo con el que juega desde lo táctico, viendo pases entre líneas, aportando movimientos para que sus compañeros puedan utilizar un recurso, y demás. En la selección Argentina -y aquí empieza la perspectiva del autor de la nota- nunca ha brillado porque siempre se lo ha puesto como el salvador.

En el estadio, en las casas de los argentinos y las argentinas fanáticos del fútbol se espera siempre el momento en el que Messi desequilibre, enganche hacia adentro y dé el latigazo para quebrar el empate. Lo que no nos dimos cuenta, con el correr de los años, es que depender de eso nos ha hecho pasar esta hambre de títulos que tenemos. Si bien criticamos la Messi-dependencia, nos gusta. La disfrutamos. Sufrimos todo el partido ante Irán pero el gol de Messi nos volverá locos, aplaudiremos el planteo del entrenador, olvidaremos las fallas del medio campo para crear oportunidades. Leo agarrará la pelota y logrará un penal. Antes nos habían marcado por ser deficientes en el cubrimiento de la zona de defensa o retroceder mal en una contra. Pero el penal de Messi lo filmamos con flash y lo gritamos con el alma.

Messi celebrando gol Argentina

Argentina busca que Messi sea el del FC Barcelona, pero lo que no saben es que necesita acompañantes a la altura

El autor de esta nota cree que es necesario replantear qué se espera de Messi, qué se quiere. Claramente no va a lucirse como en su club, en donde hay jugadores que logran crear un ambiente apto para que haga esas cosas que muy extraña vez logra hacer en las eliminatorias, en la Copa América o en el Mundial. Es por esto que hay que verlo como un jugador más. Un jugador común y corriente con gran potencial táctico y técnico. Un futbolista que nos puede aportar muchísimo pero que solo no va a poder, como todos los demás. Los argentinos y las argentinas debemos de dejar de ver a Messi como el salvador y empezar a mirarlo con los ojos de alguien que no lo conoce. Lionel es un futbolista que tiene errores, que tiene habilidades, que logra quebrar empates. Pero contra once jugadores no va a poder solo. Un equipo tiene que acompañarlo.

A esto se le suma el hecho de que los compañeros de la Pulga en la Selección no logran aprovechar las situaciones de peligro que a veces él crea desde una circunstancia adversa o desde la nada misma. En el último partido, ante Venezuela, Messi creó innumerables jugadas de peligro que sus compañeros desaprovecharon por imprecisión o por error en el concepto. Pero siempre se lo terminará cuestionando a Messi y se preguntará: ¿por qué no juega como en el Barcelona?

Lo mejor para poder cuestionar a la Selección y hacer un análisis claro de la realidad futbolística de Argentina es cambiar esta pregunta por una diferente: ¿Qué nos pasa?

Escrito por Juan Manuel Igal

– Buenos Aires (Argentina) –

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