Personalmente, no tenía claro si era el Granada el visitante ideal para un FC Barcelona atrapado en una guerra mediática. Es cierto que los andaluces no habían puntuado en ninguna de sus 22 visitas previas, pero también sabemos lo que puede ocurrir cuando las aguas van revueltas. Las razones para desconfiar de un partido trampa como éste pasaban por los pies de quien ya podemos considerar como una de las revelaciones de esta Liga, y que no es otro que el joven Peñaranda. Desde que Ramón Sandoval le diera la alternativa a finales del noviembre pasado, el delantero de 18 años se ha presentado como la tabla de salvación del equipo para eludir los puestos de descenso, rompiendo récords partido a partido. Para mi tranquilidad enseguida pude comprobar que su primera visita al Camp Nou no destacaría en el recuerdo de este encuentro. La zaga blaugrana supo perfectamente controlarlo, especialmente Vermaelen, quien logró imponer su buen hacer y experiencia a la fuerza y velocidad del venezolano.

Sin embargo, quien sí destacó fue un jugador con pasado blaugrana. Rubén Rochina llegó a La Masía con 12 años procendente de la cantera del Valencia. Fue escalando en las categorías inferiores destapándose como un delantero de talento, que podía adaptarse a todas las posiciones de ataque y con una zurda letal de cara a portería. En el Barcelona B de Luis Enrique compartió vestuario con nombres como Busquets, Pedro, Thiago, Sergi Roberto o Bartra, pero mientras éstos últimos estaban llamados a formar parte del futuro del Barça, Rochina rapidamente se dio cuenta de que su destino, al igual que el de compañeros suyos como Gai Assulin, Oriol Romeu o Martí Riverola, estaba muy lejos del Camp Nou. Así, en enero de 2011 y tras dos temporadas y media bajo la órdenes del técnico asturiano, formando parte de la plantilla que logró el ascenso del filial a Segunda División, decidió dar el salto a la Premier League y fichó por todo un clásico del fútbol inglés, el Blakcburn Rovers.

Pero no eran los mejores tiempos para el Blackburn y luchaba por no descender a la Championship, algo que ocurrió en su segundo año. Los números de Rochina eran muy  discretos y nunca llegó a afianzarse en el equipo titular, aunque de tanto en cuanto dejaba algún que otro destello de calidad. La aventura inglesa acabó pronto, pero su contrato hasta agosto de 2015 le mantenía ligado a un club que no confiaba en él. Como suele pasar en estos casos, se convirtió en carne de cesión. En enero de 2013 llegó a Zaragoza, donde no pudo evitar que el equipo bajara a Segunda, y al año siguiente al Rayo de Paco Jémez, que lo devolvió al final de temporada.

Rubén Rochina, Granada CF

Finalmente, en agosto de 2014 se desligó del club inglés para regresar definitivamente a España. Una nueva oportunidad para seguir creciendo como futbolIsta. Joaquín Caparrós reclamaba su velocidad, verticalidad y polivalencia en ataque para afianzar la delantera del Granada, sobre todo tras la salida de Brahimi al Oporto. Pero esa confianza inicial pronto quedó guardada en el banquillo. Parecía que su historia se volvía a repetir. Ni Caparrós ni su sustituto Abel Resino contaron con él para liderar el ataque rojiblanco. La llegada al banquillo de Sandoval, a cuatro jornadas del final de Liga, significó el inicio de un cambio para el equipo, que lograba mantener la categoría, y para Rubén Rochina, que cerraba la temporada de la mejor manera.

Nueva temporada, nuevo técnico y nuevas ilusiones. Y tras los primeros meses de Liga, nueva posición en el campo. Sandoval se vio obligado a buscar una alternativa a las lesiones y sanciones para poblar el mediocampo del equipo nazarí, y en un chispazo de inspiración, convirtió a Rochina en mediocentro. Un giro inesperado al que el valenciano ha respondido de la mejor manera. A su buen trato al balón ahora hay que añadir un plus en defensa, cambiando su función de goleador por la de organizador del equipo.

Contra el Barcelona, fue el encargado de iniciar todas las acciones de peligro del Granada, con cambios de orientación y algún disparo desde la frontal. Y aún tuvo tiempo para presionar a Sergi Roberto en la salida del balón. 23 pases acertados, solo 3 errados, 4 balones recuperados y 2 perdidos, 3 disparos a puerta, aunque solo 1 de ellos entre los tres palos. Buenos números que le permiten agarrarse a una titularidad de la que nunca ha disfrutado en su carrera y poder al fin, de una vez por todas, consolidarse como jugador de fútbol.

Sobre El Autor

Nací en Barcelona y pronto adopté como ídolo a Maradona, el mejor. Más tarde conocí la clase de Van Basten, la magia de Romario, la elegancia de Zidane, volví a ilusionarme con Ronaldinho y me siento afortunado por haber visto jugar a Messi. Estilo y fantasía, así me gusta el fútbol.

Artículos Relacionados