El fútbol es una auténtica  montaña rusa. Un viernes estás en la cúspide y un domingo en el mismo infierno. Ahora llegamos al final de una nueva temporada, y con ella llegan los éxitos y los fracasos. En 90 minutos se decide quién pasará a la historia y quién quedará en el olvido. Hoy nos centramos en los segundos, en los que caen, y en cómo tras caer siempre se levantan.

Ganar y perder son dos palabras opuestas, pero tienen une relación muy directa. Para ganar antes tienes que saber perder. Gracias a esa derrota conoces tus puntos débiles que debes reforzar, descubres en que aspectos de tu juego podrías haber ofrecido un mayor esfuerzo y cosechar mejores resultados.

Todos hemos sufrido alguna vez esa sensación del perdedor. Todos tenemos en nuestro corazón esa herida de aquella final perdida, aquel descenso, aquella derrota tan decisiva en el último suspiro. Quizás la estés digiriendo ahora, pues bien, tras cada derrota hay una gran victoria. Hace tiempo un hombre muy sabío me lo advirtió y ahora yo confío en este consejo ¿No te lo crees? Veamos algunos ejemplos.

Un Depor Campeón después de un duro golpe

El equipo de Arsenio Iglesias era el conjunto revelación tras aparecer en Primera ofreciendo un juego vistoso y buenos resultados que le clasificarían para Europa, otorgándole con el tiempo el nombre del “Super Depor” para muchos aficionados. Este equipo milagro llegaba a colocarse líder de la tabla en el ecuador de la Liga 93-94, y sus jugadores como Donato, Bebeto y Fran se convertían en estrellas.

Djukic falló un penalty que valía una Liga para el Deportivo, un trofeo que ganaría años más tarde.

La ciudad de A Coruña se volcó con un club que rozaba el cielo y vivía sus mejores años. Y llegó ese partido que muchas generaciones deportivistas no olvidarían. Última jornada de liga en Riazor: Deportivo vs Valencia, y aquel penalti de Djukic que paró González y dejó sin la Liga a los gallegos, que fue para el Barcelona.

Esa derrota dolió mucho, pero a la vez, también fue un golpe que los deportivistas supieron reconvertir en toda una gran motivación para que ese Super Depor no se quedase en una anécdota del pasado con ese penalti en la retina. Un año después, solo doce meses más tardes, ese mismo Depor llegó a la final de Copa del Rey y la ganó, ante el Valencia. Y durante años se convirtió en uno de los mejores equipos no solo de España, si no de Europa.

El mejor Valencia tras las más duras derrotas

En sus casi 100 años de historia el Valencia vivió sus años de más éxitos en el lustro 1998-2004 (los años de Ranieri, finales de Champions y las Ligas de Benítez). Ese mismo club que llenaría sus vitrinas de trofeos venía de décadas de viajar sin rumbo, y fue tocar el suelo más profundo y llegó su despertar.

A finales de los 80, el Valencia descendió a Segunda tras 50 años en la élite del fútbol nacional, y lo hacía con unas deudas notables a sus espaldas. Las nubes más negras se aposentaban en el antiguo estadio Luis Casanova, ahora Mestalla. Ese descenso provocó un resurgir de la hinchada ché, se dobló el número de abonados y nació una nueva generación valencianista.

El Valencia bajó de categoría tras 55 años en Primera y en una crisis económica del club.

Aupados con un graderío que creía en el futuro de su club, la plantilla fue mejorando. Llegaron las estrellas del momento como Zubizarreta, Salenko, Mijatovic…y surgieron jóvenes de la casa que se convirtieron en leyendas como Camarasa y Fernando. Entonces llegó una final, de Copa del Rey frente al Deportivo (la famosa final del agua en el Santiago Bernabéu que se tuvo que aplazar por la tormenta de lluvia). El Valencia la perdió.

Tras esa derrota llegó a Valencia un motivador nato, don Luis Aragonés y la hinchada siguió insistiendo en su sueño, queremos ver un Valencia campeón. Pero el Valencia volvió a perder, esta vez la Liga. Los ches fueron los mejores en la segunda vuelta de la competición, ganando al Atlético de Antic en el Calderón, pero no pudo ser. Tras el último partido de liga, cuando el equipo regresaba a Valencia desde Vigo, la afición le esperó en el aeropuerto con el grito de “No pasa res la lliga l´any que ve” (no pasa nada la liga el año que viene).

Fue en ese instante cuando el valencianismo aprendió a perder. Descubrió que una derrota puede no ser un fracaso, sino un camino necesario para ganar. Luego ganó la Copa del Rey del 98, pero ante otros triunfos mayores (las ligas de Benitez) antes llegaron otras derrotas durísimas (las dos Champions consecutivas ante el Real Madrid y Bayern Munich).

Sobre El Autor

El balón es mi mejor amigo (como dirían Oliver y Benji), y la comunicación es mi pasión. Soy periodista y cuento con experiencia en diversos medios de comunicación en España y Reino Unido (Cadena Ser, CNTimesLive…). Durante varios años he seguido el día a día de la actualidad del Valencia CF, Levante UD, y Valencia Basket. Los estadios son mis templos, y el fútbol mi religión.

Artículos Relacionados