Día 22 de marzo, nueve de la noche en el Camp Nou. Tras el sorprendente gol inicial de Jeremy Mathieu, Cristiano Ronaldo iguala la contienda haciendo justicia al mejor juego desarrollado en el rectángulo de juego por el conjunto madridista. Acaban los primeros 45 minutos y el seguidor culé asiste atónito a una demostración de buen juego, rapidez en las transiciones y exquisito toque y manejo de balón por parte de la escuadra merengue.

Con el miedo propio del que sabe que sus asediadas huestes no conseguirán sobrevivir más tiempo al asedio futbolístico del equipo de la capital, el culé sueña con que al inicial sonido del silbato iniciando la segunda parte le siga otro indicando el final de la contienda, un empate mejor que ser humillado. Sorprendentemente el equipo culé se adueña del balón en la segunda parte, su mejor juego se reafirma con el gol de Suárez y finalmente el once madridista corre persiguiendo sombras por el césped del Camp Nou.

Día 11 de abril, 8 de la noche, estadio del Sánchez Pizjuán. El Barça se enfrenta a uno de los más temidos equipos para proseguir con sus 4 puntos de ventaja sobre el segundo clasificado. Tras iniciarse el choque las extraordinarias triangulaciones del equipo culé desarman una y otra vez al siempre bien colocado equipo de Unai Emery. Primero Messi y posteriormente Neymar certifican la victoria blaugrana, corta por el exquisito juego desarrollado por el equipo de Luis Enrique y por el inexplicable fallo de Bravo que perpetúa por unos instantes más la esperanza del seguidor sevillista.

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El aficionado culé hace acopio de cervezas y aperitivos en el descanso, se recuesta en su sillón para ver algún gol más de su equipo, el once sevillista no ha hecho ningún mérito en ese primer tiempo como para inquietar a la zaga culé. En la segunda parte los jugadores del Barça llegan un segundo más tarde al balón, y los del Sevilla uno antes. Las tornas han cambiado y el fatal desenlace se ve cerca. Finalmente el empate azulgrana, como ya hemos discutido, mitad demérito del equipo mitad demérito de Luis Enrique, es un mal menor ante la perspectiva de derrota segura de proseguir la contienda.

Día 14 de abril, estadio Vicente Calderón. En una primera parte en la que el héroe es Oblak, el equipo madridista es incapaz de batir al antaño acusado de agresivo, hoy “mordido” y golpeado, equipo colchonero. Once jugadores con la elástica rojiblanca casi colgados del larguero sobreviven milagrosamente al mejor juego de los de Carlo Ancelotti. Se inicia la segunda parte y como ocurriera en el Camp Nou, Modrid, Kroos y James se diluyen como azucarillo en la boca de un niño, otra vez la segunda parte castiga al equipo que mejor juego ha desplegado en la primera parte.

Más allá de hacer un ejercicio táctico de por qué ocurre esto, esa labor la lleva a cabo semanalmente de manera espectacular un compañero de blog, lo acaecido en estas últimas semanas demuestra que ninguno de los tres equipos españoles en competición europea es capaz de dominar sus grandes partidos en su totalidad, a sus arranques espectaculares les siguen mediocres segundas partes.

En unas jornadas decisivas para el desarrollo de Liga y Champions este aspecto es crucial para dirimir el vencedor de ambas competiciones. Bien hará el FC Barcelona en no fiarse del PSG, que a pesar de sus bajas se presenta como un equipo ilusionado y competitivo por conseguir las metas para las que desde hace años y a golpe de talonario fue diseñado. No debería limitarse el equipo culé a hacer buen juego, sino a dominar el desarrollo del partido en su totalidad, y los partidos en Champions duran 180 minutos, como mínimo.

Así pues, con este panorama bipolar en los grandes partidos, a los amantes del fútbol solo nos queda rememorar la famosa frase de Pep Guardiola “apretaros el cinturón porque nos lo pasaremos bien”.

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