A simple vista, se trataba del partido más interesante de este fin de semana liguero. El Sevilla llegaba lanzado, en buena racha, con confianza y ganas de asentarse en los puestos altos, mientras, el Barça llegaba como un equipo superior lastrado por algunos gatillazos ya dados a estas alturas del curso. El más reciente, esta misma semana en Manchester. Un partido para que el Sevilla se encaramara como alternativa creíble o para que el Barça siguiera la estela del Real Madrid, más aun dada la derrota del Atlético en Anoeta el sábado. Y hay que decir que el encuentro no defraudó.

Se planteaba el encuentro sin grandes inventos ni sorpresas en los onces. En el Sevilla finalmente Nasri era de la partida, tras superar una lesión que parecía grave en un suspiro, mientras el resto del equipo sonaba al habitual. En los visitantes, Denis Suárez (exsevillista) ejercía de Iniesta y las bajas condicionaban la defensa, pero tampoco se atisbaban ataques de entrenador.

Arrancaba el partido con intensidad, en los tres primeros minutos ya se habían pisado con peligro ambas áreas, y el espectador imparcial se podía relamer a la espera de lo que se preveía. Ambos equipos trataban de presionar arriba, pero la fe y la intensidad del Sevilla superaba a la de los blaugranas. Esto provocaba más robos y en zonas más peligrosas a favor de los locales, que trataban de lanzarse arriba con las llegadas de (sobre todo) Vitolo y con la brillante aportación de los laterales. Mientras, el mediocampo del Barcelona bien podría haber sido el del Stoke City, apenas la tenían y acostumbraban a verla pasar por encima de su cabeza. La MSN no terminaba de encontrar huecos en la zaga rival, bien plantada, y Messi empezaba a brujulear por diferentes zonas en busca de un rincón cómodo para entrar en calor.

Así las cosas, una recuperación de balón sevillista cerca de área propia, con Escudero aprovechando un error entre Neymar y Suárez, llegó rápidamente a un Sarabia que puso sentido al fútbol local toda la noche, tras tirar una pared con el “Mudo” Vázquez vio a Vitolo desplegarse por la izquierda, le mandó un balón que Sergi Roberto se comió, dejando claro que le falta algo de vocación defensiva para el puesto de lateral (todo se andará) y el canario se plantó ante un Ter Stegen que tocó el balón pero no pudo despejarlo. La carrera entre Sergi Roberto y Vitolo recordó a la de Bale con Bartra en la final de Copa de 2014, no había opciones para el defensa porque el delantero era notoriamente más veloz. Gol, 1-0, y el Barça a nadar contracorriente en un partido que estaba cogiendo una tendencia peligrosa para los de Luis Enrique.

Y el gran fundamento de ese peligro vino con Vitolo, que frió en los primeros minutos a Sergi Roberto, que no solo tendría pesadillas con él anoche sino que esta semana se lo va a encontrar en la convocatoria de la selección. Se le pondrán aun los pelos de punta al verle en los pasillos de la Ciudad Deportiva de Las Rozas. Poco antes del gol ya le robó la cartera y se plantó en el área, aunque la defensa llegó a tiempo de interceptar el disparo. Tras el gol llegaron nuevas ocasiones para Vietto, nuevas llegadas de Vitolo e incluso un centro lateral que dejaba solo en punto de penalti a Franco Vázquez, que esta vez dejó mudos a los aficionados sevillistas al devolver un taconazo a la frontal tan bello como intrascendente en lugar de controlar y encarar sin oposición a Ter Stegen. Nadie sabe muy bien que pretendió hacer el argentino en esa jugada.

Gol Vitolo contra Barcelona

Sobre la media hora, Messi empezó a comprender que nadie iba a tirar de aquel carro sino él. Ya que el Barça, gracias a la buena labor de Umtiti (gran descubrimiento), algún corte a tiempo de Mascherano y la poca sangre goleadora de la punta sevillista (Vietto es un tipo muy técnico, pero nunca un killer), había logrado no deshacerse hasta ese punto, tocaba empezar la exhibición. El que antaño fue un barbilampiño déspota del gol, ahora es un barbudo pseudohipster obsesionado en la poesía del pase perfecto. Así que ayer se dedicó a buscar a sus compañeros a la espalda de la defensa local mientras iba regateando a aquellos rivales que le estorbaran en la búsqueda de tal fin.

Fue ajustando el punto de mira, bajó a recibir al círculo central, arrancó como interior, enseñando el trabajo a Rakitic y Denis Suárez, algo tímidos en la vuelta a su antigua casa, y cuando fue necesario llegó arriba a cerrar las jugadas. Como en el minuto 43, cuando arrancó el contraataque desde el mediocampo y, a la vista de que no lo cerraban, llegó a la frontal para poner el balón junto al palo, en un lugar imposible para Rico. Por cierto, de nuevo como en Valencia con un compañero en posición de fuera de juego saltando para que no le dé el balón.

Pero no nos desviemos del tema, que ayer era Messi. El rosarino saltó al segundo tiempo con la misma predisposición, queriendo terminar el trabajo, y siguió pidiéndola, llevándola y regalándola a los compañeros en posiciones ventajosas, cuando no buscando acabar la jugada por su cuenta. Fue Messi e Iniesta a la vez, pero a veces también fue Neymar (algo apagado) e, incluso, hasta fue Busquets cuando era necesario. Mientras el Sevilla parecía seguir lamentando la ventaja perdida y la situación de superioridad en el juego que se había volteado por la voluntad del diez rival.

Como si de una profecía esperada se tratara, el Barça acabó dando la vuelta al partido. Messi circuló por el carril central con la facilidad que le caracteriza y encontró a Luis Suárez como solo él sabe hacerlo. Él dejó el balón en el lugar perfecto y el uruguayo no perdonó. El 1-2 pareció apagar el partido. Al Sevilla no le quedaban fuerzas ni físicas ni mentales para dar un nuevo arreón. El Barça ya no lo necesitaba, aunque seguía (con Messi al mando) entrando en la defensa como cuchillo caliente en mantequilla.

A pesar de los errores de Suárez o Neymar ante la puerta rival, y a algún acierto de Rico que mantuvo el partido abierto hasta el final, el marcador no cambio. Solo un cabezazo de N’Zonzi ante una mala salida de Ter Stegen trajo peligro real. Eso, y el enfado de los sevillistas por el affaire de Messi con su bota. Una pisotón sobre el astro argentino que le dejó sin bota que le tuvo un par de minutos dando vueltas por el suelo hasta que se volvió a calzar, gesto que le costó una tarjeta y la enemistad del público local, que alucinó con que el colegiado Jaime Latre solo diera tres minutos de añadido.

Messi Suárez Sevilla

¿Para qué más? Pensaría el árbitro, si el Sevilla no tenía gasolina para voltear el encuentro. Un intenso y entretenido partido que, a falta de un Bacca que hubiera concretado el dominio del Sevilla en la primera parte, tuvo un Messi mandón y todocampista que decidió que ese partido había que ganarlo.

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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