Si un equipo ha generado interés y debate más allá de sus aficionados esta temporada, ese ha sido el Sevilla F.C. Desde los cambios con los que afrontaba la pretemporada, al nivel mostrado durante la misma, la catarsis del final de curso y la forma en la que afronta el próximo año, Nervión ha sido todos estos meses centro de atención.

Tras el final de la gloriosa era de Unai Émery, llegaba uno de los técnicos más prestigiosos del mundo: Jorge Sampaoli. Junto a él una serie de nuevos jugadores que completaban un proyecto arriesgado.

El desembarco en Europa de un entrenador con una filosofía muy marcada y fichajes como el de Nasri, al que se le presuponía calidad y mala cabeza, dejaba un equipo que daba la sensación, valga el símil taurino, de que saldría por la puerta grande o por la enfermería. Visto ya el año, podemos decir que ha visitado ambos caminos.

Arrancar en Agosto jugando dos Supercopas contra Real Madrid y Barça también es arriesgado. Aunque estuvo cerca de arrancar la europea de las manos de los de Zidane, el equipo perdió ambas finales, no fue humillado por los grandes pero dejó en el sevillismo división de opiniones.

Arrancó la temporada con parte de la afición pensando que su entrenador tenía más verbo que capacidad técnica. Sin embargo, los buenos resultados y algunos partidos brillantes (en otros tuvo más suerte que juego) fueron consiguiendo que el “sampaolismo” calara en el Pizjuán.

A pesar de las limitaciones de su plantilla respecto a las de merengues o culés, el Sevilla se aferró al ritmo de los más grandes, aguantando el tipo a pesar de tener que combinar Liga, Copa (donde cayó frente al Real Madrid en una dignísima eliminatoria) y Champions. Así, llegadas las Navidades, tenían al Atlético muy lejos, al Barça por detrás y al Real Madrid a tiro. Las ilusiones se dispararon.

Y Sampaoli, tal vez menospreciando la fuerza de sus rivales o tal vez porque en serio se veía capaz, declaró que su equipo podía ser candidato al título. Inevitable la comparación con el Atlético que ganó la Liga hace unas temporadas, no solo por la situación, sino por los discursos antagónicos. Algún opinador iluminado que llevaba años esperando a Simeone por su discurso cauto del “partido a partido” y del “no hicimos nada” agarró la bandera de defender a Sampaoli por proponer a los suyos abiertamente como candidatos al título, y aprovechó para atizar al técnico colchonero.

Pero el tiempo (y la temporada) da y quita razones. No se si tendría algo que ver con el vértigo de verse arriba y la presión de luchar por la Liga o si fue casualidad, pero desde ese momento se empezó a torcer la luna de miel que había sido la estancia de Sampaoli en Sevilla. El equipo empezó a perder manejo de los partidos, los resultados dejaron de acompañar, jugadores como Nasri o Vitolo empezaron a flaquear, el Leicester, con mucha suerte, les apeo de la Champions, los rumores de la Selección Argentina empezaron a embriagar a Sampaoli y la otras veces amagada salida de Monchi, el gran símbolo de esta era del sevillismo, empezaba a parecer real.

Así, la segunda vuelta del Sevilla fue un desastre. Se fue descolgando de los de arriba al mismo tiempo que el Atlético le enjugaba una notable ventaja. Pronto pasó de soñar con el título a verse cuarto y con más temor a caer al quinto que esperanzas de recuperar el tercero. El sevillista vio a Monchi rumbo a Roma y se sintió huérfano, a Sampaoli con la cabeza en la clasificación para el Mundial y se sintió engañado. Terminó la temporada con la sensación de que los sueños se habían deshecho en cenizas.

No obstante, Monchi deja una estructura muy bien organizada que, más allá del nombre de quién la maneje, sale seguir trabajando con buen ojo. Viene un buen entrenador con experiencia en Primera, como es Eduardo Berizzo, y contrataciones como la vuelta de Navas o la posible llegada de Nolito tienen buena pinta. Queda reservar el billete para la Champions, vía eliminatoria previa, y tratar de hacer una buena temporada, con ilusión, pero sin asumir una presión que no les corresponde, con objetivos realistas y, por qué no, partido a partido.

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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