He de reconocer que he tenido una disyuntiva a la hora de escribir este artículo. La opción más sencilla era colocarme el turbante propio de los hooliperiodistas y basarlo todo en el resultado, provocando que la euforia del culé alcanzara su cota más alta de la temporada. Por el contrario, podía centrarme en aquello que ha hecho a este equipo diferente del resto: la manera de jugar. Finalmente, he optado por la segunda opción.

Que sí, que ganó el Barsa y que tiene media Liga en el bolsillo. Sin embargo, la realidad hasta el gol de Luis Suárez fue que el fútbol lo propuso el Madrid mientras el equipo culé se vestía por momentos de equipo más propio de un ínclito portugués de infausto recuerdo.

Echado atrás hasta el sonrojo con un Bravo estelar, que a buen seguro produjo la sonrisa en la distancia de Zubizarreta, y un Piqué hercúleo, el espectador culé presenciaba atónito un intercambio tácito de camisetas. El Barsa parecía el Madrid de otras épocas y el Madrid el Barsa excelso de no hace tanto.

Ancelotti lo vio claro desde el principio, presionar a los medios del Barsa y en especial a un Mascherano cuya virtud no es precisamente la salida de balón. El resultado fue claro, el medio campo del Madrid se comió literalmente al blaugrana. El descosido fue de tal dimensión que la Moreneta tuvo que intervenir para que aquello no acabara en sangría.

En la segunda parte la tónica fue ligeramente parecida hasta que Luis Suárez apareció de la nada para justificar el precio pagado en verano. El Madrid se hundió física y psicológicamente, Bale se fue con su selección y la entrada de Xavi junto con la participación, por fin, de Messi provocó que el Barsa pudiera masacrar al conjunto merengue. Lástima que Neymar se empeñara en todo lo contrario.

El drama para el Madrid es que pese a menear por momentos al Barsa, éste le ganó sin necesitar de Messi. Mérito para Luis Enrique quien, pese a renunciar al estilo Barsa tiene al equipo físicamente como un tiro y con opciones de conseguir lo que nadie se atreve a mencionar…y un servidor no será más.

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