Cuando hablamos de San Lorenzo de Almagro, nos estamos refiriendo a uno de los considerados como grandes clubes de Argentina, junto a Boca, River, Independiente y Racing, el cuarto en volumen de simpatizantes. Un club con historia gloriosa y con 15 títulos ligueros a sus espaldas, el equipo que abrió los ojos de los españoles a otro fútbol en su mítica gira por la Península Ibérica de las Navidades del año 46/47, cuando nos enseñaron que el fútbol es algo más que garra y despertaron las ganas de nuestros equipos de jugar con otro sentimiento estético.

Pero este grande, como todos los equipos del mundo, tenía dos debilidades que eran motivo de escarnio y burla por los aficionados rivales. La primera de ellas, quedó neutralizada en 2014, la segunda está cerca de verse también resuelta.

Esa primera debilidad tenía que ver con el hecho de ser el único grande argentino que nunca había ganado la Copa Libertadores. Incluso los rivales modificaban el significado del acrónimo de su nombre presente en el escudo, CASLA (Club Atlético San Lorenzo de Almagro), para llamarlo “Club Argentino Sin Libertadores de América”. Este problema quedó resuelto en 2014, cuando levantaron la Copa ante Nacional de Paraguay.

El segundo motivo de burla hacia San Lorenzo es aun más doloroso si cabe para “los cuervos”. Se trata de su desarraigo. Cuando el club nació, en 1908, estaba situado en la barriada bonaerense de Almagro. Allí se inauguró en 1916 el Viejo Gasómetro, su clásico estadio. Unas décadas después, en 1968, la reestructuración administrativa de la ciudad le hizo formar parte del barrio de Boedo. Esa fue la identidad histórica de este club en sus años de máximo esplendor, hasta que a finales de los 70 empezó su declive económico, deportivo e institucional.

estadio san lorenzo de almagroEl resultado doloroso a unos años con malas gestiones administrativas y la sospecha de una cierta animadversión por parte de la dictadura militar que gobernaba con mano de hierro y brutal arbitrariedad el país, fue verse despojados de su estadio, de su casa, del Viejo Gasómetro. La explicación oficial es que las autoridades de la ciudad veían inapropiada la cantidad de estadios existentes en Buenos Aires y querían eliminar algunos de ellos.

Escogieron el de Boedo por ser el más antiguo, con accesos complicados, y el club con mayores problemas en ese momento. San Lorenzo estaba al borde de la quiebra económica y no tuvo más remedio que aceptar desprenderse de su casa, de parte de su alma, para sobrevivir. A finales de 1979 se disputó el último encuentro en el Viejo Gasómetro, un triste empate a cero ante Boca.

El club, errante, desarraigado, sin territorio al que referenciarse, apenas aguantó un año más en la máxima categoría antes de descender a la temida “B”. Vagó por estadios prestados, el de Vélez Sarsfield, de Atlanta, de Ferro Carril Oeste, incluso en el de su máximo rival, Huracán, como el que va dejando su corazón al resguardo del pecho de otros, arrastrando su melancolía como una pesada maleta de cartón.

Pero la fiel hinchada del ciclón no le abandonó, más bien al contrario, se volcó con su equipo. Como curiosidad, indicar que en un partido de esa temporada en la “B” alcanzó el record de espectadores para un encuentro de Liga en Argentina al atraer a 75.000 espectadores. Solo en la final del Mundial del 78 se había congregado más gente en un estadio de aquel país para ver un partido (78.000 espectadores).

Volvió a Primera en el 82, pero seguía sin estadio fijo. La institución se fue asentando para poder volver a disfrutar de casa propia a finales del 93, el estadio Pedro Bidegain. La alegría no era completa, el nuevo estadio, situado en los barrios de Nueva Pompeya y Flores, no acababa con la nostalgia de Boedo y ahondaba en su leyenda negra de club sin barrio fijo. En paralelo, el terreno del Viejo Gasómetro, expropiado en principio para la construcción de viviendas, acabó siendo vendido a Carrefour en 1983 para la instalación de uno de sus hipermercados. Allá donde Sanfilippo, Martino o el emigrante español Lángara habían hecho las delicias de los aficionados cuervos, ahora se podría acudir a hacer la compra semanal.

Como impulsados por el espíritu del nuevo estadio, en 1995 recuperó la senda del triunfo al imponerse en el Torneo Clausura, con el Bambino Veira al mando y con Ruggeri, Silas o el Pampa Biaggio en el campo. En 2001 volvió a vencer en el Clausura con Pellegrini en el banquillo y jugadores como el portero Saja, el defensa Coloccini o el mediapunta Romagnoli. Logró en el mismo año vencer en el nivel continental, con el título de la Copa Mercosur. Al año siguiente logró la Copa Sudamericana, con jóvenes conocidos en Europa como Zabaleta y Gonzalo Rodríguez. Con Ramón Díaz en la dirección deportiva en 2007 y Lavezzi en el campo reeditó el título del Clausura.

Pero el éxito más deseado tuvo que esperar a que uno de sus hinchas, el Jorge Bergoglio, fuera nombrado Papa. Bajo el pontificado del Papa Francisco, San Lorenzo alzó la Copa Libertadores de América. Tras lograr el Torneo Inicial de 2013, con Pizzi en el banquillo y Correa, Ortigoza o Piatti en el campo y cambiar el entrenador por Edgardo Bauzá, se convirtieron en campeones de América y, posteriormente, en subcampeones mundiales, tras perder frente al Real Madrid.

Mientras llegaban esas importantes victorias del ciclón, sus aficionados no olvidaron la que fue su casa, la que nunca dejó de serlo. En 2008 consiguieron que la Legislatura de Buenos Aires impulsara un proyecto de restitución histórica para que los terrenos donde se erguía el Carrefour volvieran a ser la casa de San Lorenzo. Mientras, los aficionados iban recolectando fondos para poder recomprar, metro a metro, los terrenos donde se ubicó el viejo estadio en una muestra de poética rebeldía.

En 2011 y 2012, varias manifestaciones con hasta 110.000 cuervos surcaron las calles bonaerenses para conseguir que se incluyera en la Legislatura Nacional ese proyecto de restitución histórica, por el que se acabó instando a Carrefour a acceder a negociar la venta a San Lorenzo del terreno o, en caso de no existir acuerdo, a ver como se le expropiaría en favor del club.

Hace menos de una semana, como un regalo adelantado de Navidad, los hinchas de San Lorenzo recibieron la noticia de que se había alcanzado el acuerdo con Carrefour y que, definitivamente, se iba a acometer la construcción de un nuevo estadio que devolviera al ciclón a su tierra santa, al barrio de Boedo.

Tras 36 años desarraigados, luchando por recuperar su casa, poniendo dinero de sus bolsillos para ablandar el frío corazón de una multinacional francesa (y quien sabe si con la interpelación directa del Papa al altísimo para resolver el asunto), los cuervos lo habían conseguido. Tal vez, querido lector, te parezca una locura, tantos años después, con un estadio recientemente construido, pero, ponte en su lugar, qué harías si tu estadio fuera un Carrefour…