El pasado domingo, viendo con mi padre le partido entre el F. C. Barcelona y la S. D. Eibar, surgió una conversación que hoy plasmo, en cierto modo, en este artículo. El tema de la charla fue en torno a los padres e hijos que han sido futbolistas profesionales de cierta importancia.

Todo empezó con un comentario mío: “hay que ver con lo normalito que era Carles Busquets y lo buenísimo que es el hijo”. Mi padre contestó comparando a Xabi Alonso con su progenitor, cuyos estilos de juego son muy distintos y opuestos. La charla siguió analizando y discutiendo sobre quién había sido mejor en otros casos, estando de acuerdo en todo.

Por ejemplo, no hay dudas de que Johan Cruyff ha sido infinitamente superior a Jordi. Otros casos en los que se imponen los padres a los hijos son el de Michel frente a Adrián y, muy probablemente, el de Zidane frente a Enzo y Luca y estaría por ver el de Diego Pablo Simeone con Giovanni.

Johan Jordi Cruyff

Johan Cruyff y su hijo Jordi en la temporada 94-95

En un nivel parejo podríamos señalar a los Sanchís, Pepe y Manuel Reina, Eusebio y Roberto Ríos, Isidro Sánchez y Quique Sánchez Flores e incluso a Dmitri con Denís Chéryshev.

Y dónde salen ganando los hijos, siempre desde mi punto de vista, contando con la opinión de mi padre y con lo que he leído en otros artículos, son los casos citados anteriormente (Busquets y Xabi Alonso), el de Thiago y Rafinha Álcantara con su papá Mazinho, Paolo frente a Cesare Maldini o Frank Lampard y su padre.

Las comparaciones siempre serán odiosas y estarán influenciadas por el gusto de cada uno, por el momento futbolístico que les ha tocado vivir a unos y otros y por muchas más variables que condicionan la vida de un futbolista. Lo que está claro es que el componente genético es importante y ahí, hay un caso curioso y llamativo de un canterano del Real Madrid que debutó frente a Levante el otro día. Se trata de Marcos Llorente. Su padre Paco fue jugador del Real Madrid y el Atlético en otros, es nieto de Grosso y sobrino nieto de Paco Gento. Lo raro es que hubiera salido fontanero.

Sobre El Autor

Apasionado del fútbol y Bético por encima de todas las cosas. Continuamente pendiente de la actualidad del club verdiblanco, disfruto y sufro con las alegrías y sinsabores del Betis. Ser Bético es real como la vida misma, ya que uno aprende a levantarse tras continuas caídas. Y ahí está la verdadera fuerza del Betis: en sobrevivir a los contratiempos.

Artículos Relacionados