El mundo del fútbol no deja de sorprenderme, y casi nunca para bien. El Sevilla FC se ha llevado por delante a Eduardo Berizzo con el equipo vivo en todas las competiciones (5º en Liga, en octavos de Copa y Champions), y todo ello por sumar un punto de los últimos nueve posibles. Es una destitución de todo punto incomprensible, a no ser que haya algún dato oculto que escape al conocimiento del vulgo. Pero desde luego, con la información que uno posee, no se puede entender la decisión, se mire desde la perspectiva que se mire.

En el Sevilla FC se han acostumbrado a los milagros anuales que el “Mago” Monchi solía hacer con harto frecuencia. Fichaba a un meapilas por cuatro perras y lo vendía al cabo de dos o tres años por 10 ó 20 millones de euros. Incluso fue capaz de colocar a Gameiro por 32 millones y Aleix Vidal por 17. Es para sentirse orgulloso. Y así, han ido acumulando títulos (tres UEFA Europa League consecutivas entre 2014 y 2016; dos Copas, en 2007 y 2010; una Supercopa de España y otra de Europa y subcampeonatos varios) y se ha convertido en un equipo asiduo de la Champions League. Es un panorama competitivo excelente si tenemos en cuenta el equipo que es, la masa presupuestaria con la que cuenta y los jugadores que suelen conformar su plantilla.

Sin embargo, Monchi dejó el club la temporada pasada, camino de Roma, y su sustituto, Óscar Arias, tiene un papelón por delante: mejorar el legado de este mítico director deportivo es imposible. En Sevilla, les guste reconocerlo o no, están acostumbrados a los veranos de altas y bajas continuos, y raro es que entre el equipo que acaba una Liga y el que empieza la siguiente no haya, cuando menos, siete u ocho caras nuevas, y otras tantas bajas (o ventas exitosas). Con este trasiego, la trayectoria sevillista de los últimos años cobra mayor valor. Y desde la perspectiva del entrenador, se había convertido en un destino razonablemente seguro para este gremio, donde su trabajo se suele valorar y poco propensos a los cambios innecesarios.

Este verano ficharon a Eduardo Berizzo para sustituir al argentino Jorge Sampaoli, que les duró apenas una temporada gracias al maravilloso desempeño de la selección argentina en los últimos años. Tres brillantes temporadas en el Celta de Vigo le valieron de caché suficiente para sonar como sustituto de Valverde en Bilbao  y recalar, al final, en el Sevilla FC. Parecía un matrimonio destinado a durar. Buen equipo, buenos jugadores, buena cultura futbolística y buen entrenador.

Pero el destino o quien sea ha querido que el Toto apenas haya aguantado unos meses en la capital hispalense. Las razones, con franqueza, se me escapan. Deportivamente, ya se ha dicho en líneas anteriores, el equipo está, más o menos, donde tiene que estar. Cierto es que su desempeño es un tanto irregular, y con algunos partidos (contra el Spartak en Moscú, contra el Real Madrid en el Bernabéu) solventados con dolorosas derrotas que parecen haber calado entre la junta directiva. Sin embargo, en mi modesta opinión, nada preocupante.

A un entrenador hay que darle tiempo, no se le puede pedir que aterrice en cualquier equipo y desde el primer momento vayan las cosas rodadas. Eduardo Berizzo tuvo que gestionar un equipo casi nuevo, con diez altas y doce bajas. Darle tiempo y tomarse las cosas con tranquilidad era lo mínimo que se podía esperar. Y más, insisto, cuando el equipo es 5º en Liga y está clasificado para los octavos de Champions y Copa.

Eduardo Berizzo dando instrucciones

Eduardo Berizzo animando incansable

Sin embargo, Eduardo Berizzo no contaba con la (¿In?) competencia del presidente del Sevilla y su junta directiva. Estamos hablando del mismo tipo que anunciaba la renovación de Vitolo 24 horas antes de que éste fichara por el At. de Madrid. Y ha sido el mismo que ha instigado la destitución del entrenador argentino.

Hay un factor humano que hace la decisión todavía más dolorosa e incomprensible. El pasado 22 de noviembre se hizo público que Eduardo Berizzo padecía un cáncer de próstata, del cual debía ser operado y tratado. Como profesional todo terreno y apasionado que es, un mes después ya había retornado a los banquillos y el 15 de diciembre pudo volver a sentarse en su lugar natural, para contemplar, eso sí, un plúmbeo empate a cero frente al Levante. Por supuesto, cuando el entrenador hizo pública su dolencia, no faltaron apoyos de todas partes, empezando por el pelado de su presidente. Un mes después, han considerado que deportivamente su situación en el Sevilla FC era insostenible. Quizá sea un romántico y no me haya dado cuenta todavía que esto del fútbol es un negocio (y de los grandes), pero lo que ha hecho el Sevilla a Eduardo Berizzo es una afrenta de la que yo no sé si sería capaz de pasar página sin rencor ¿Es incompatible este deporte con la humanidad?

No es que quiera uno ser gafe, pero este tipo de despidos son llamativos y suelen pagarse a medio plazo. Puede entenderse -aunque no la comparto- la destitución de un entrenador cuando las cosas no marchan y el equipo se encuentra en una posición delicada. Alavés, Las Palmas o Deportivo ya han cambiado de entrenador (los vitorianos, incluso, dos veces) y en lo sustancial no se aprecia un cambio grande en el devenir de los equipos. Sólo el Alavés muestra tímidos signos de recuperación. Otros equipos, como el Eibar, han sabido aguantar al entrenador cuando las cosas pintaban mal.

En la jornada 11ª estaban clasificados en 17º lugar, a tan solo dos puntos del descenso. Sin embargo, el puesto de Mendilíbar nunca se puso en duda, y seis jornadas después, el equipo es 7º y se encuentra a un paso de los puestos que clasifican para competición europea. Lo que viene a mostrar lo cambiante que es este deporte y como las emociones pueden ir del cero al infinito en dos o tres semanas. Así las cosas, veremos como acaba la temporada el Sevilla y si el nuevo entrenador es capaz de mejorar el rendimiento y los número del Toto.

Está claro que mantener a los entrenadores no siempre garantiza las salidas de las crisis, como tampoco lo garantiza el cambio de entrenador. A pesar de la creencia, en la mayor parte de los casos los equipos que terminan perdiendo la categoría o no cumpliendo sus objetivos deportivos han pasado por dos o tres entrenadores en esa temporada. Si el cambio fuera garantía de algo, no les temblaría la mano a los presidentes. Pero no es así…

Lo que no puede entenderse es que cuando un equipo marcha razonablemente bien, por una mala racha de tres partidos, se ponga a todo un profesional en la calle. Con anterioridad a esas dos derrotas y un empate del Sevilla entre las jornadas 15 a la 17, el equipo había sumado tres victorias consecutivas, remontando incluso en un partido extraordinario un 2-0 del Villarreal en el campo castellonense. Me parecen datos a todas luces insuficientes para justificar o explicar el despido de Eduardo Berizzo.

Sólo hay dos razones que me pueden ayudar a entenderlo. La primera, también se ha sugerido ya, es que haya razones que no han salido a la luz pública. La segunda sería que en la planta noble de Nervión hayan tenido un ataque agudo de prepotencia – “virtud” esta de la que, en general, no andan escasos en el Sevilla FC – y piensen que tener por delante en la clasificación a FC Barcelona, At.Madrid, Valencia y Real Madrid no es para estar contentos…

Claro, llegados a esta situación, yo tengo que preguntarme ¿quien destituye a los presidentes cuando campan por los clubes como si fueran sus cortijos? Benditas S.A…

Sobre El Autor

Existen 2 frases que me definen futbolísticamente: "Ningún jugador es tan bueno como todos juntos" (Alfredo Di Stéfano) y "En fútbol se pasa de puta a monja en cinco minutos" (Joaquín Caparrós).

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