La vida esta plagada de sueños, proyectos y planes. El objetivo de cualquier persona es que éstos se cumplan, al menos, en el menor grado posible que lo haga placentero y bonito. Tristemente no siempre es así. Son muchas las dificultades que existen para que lleguemos a nuestra ansiada meta. El jugador del Valencia, Tino Costa, es un buen ejemplo de aquellos que cumplen sus sueños de la mejor de las maneras.

Hace tres años, cuando yo comencé también mi sueño y mi proyecto de vida al lado de la mujer a la que quiero, conocí la historia de Tino Costa. Resulta que en Gol Tv ponían a menudo una entrevista con el jugador argentino, por aquel entonces en las filas del Montpellier HSC.

En ella hablaban del papel determinante que había tenido Tino Costa en el ascenso a la Ligue 1 francesa de su club y, de paso, realizaban un repaso a su trayectoria como futbolista. Tino, con sólo dieciséis años, dejó Argentina para irse a jugar la isla de Guadalupe, departamento de ultramar de Francia en el Caribe. Allí, en cuatro años, Tino Costa ganó todos los títulos posibles, convirtiéndose en un ídolo. En una final de Copa, unos ojeadores del Racing Club de París lo vieron y no dudaron en ofrecerle la posibilidad de dar el salto a Francia.

Tino Costa celebra gol Valencia

Tino Costa con la camiseta del Valencia

Tras cuatro años en tres clubs (Racing, Pau y Sète) le llegó la oportunidad de firmar por el Montpellier HSC, con el que consiguió el ascenso y su debut en la máxima categoría francesa. Ese equipo jugaba de maravilla. Cada vez que ponían un partido del club de Tino en Gol Tv, trataba de verlo porque realmente era bonito el fútbol que practicaban.

Por aquel entonces el Betis deambulaba por Segunda División de la mano de Antonio Tapia y Víctor Fernández, y Tino y el Montpellier me daban más alegrías que el equipo de mis amores. Tan buena fue la temporada del argentino en su puesta de largo en una Liga de primer nivel, que el Valencia no dudó en hacerse con sus servicios. Y aquí ha mantenido sus prestaciones, hasta el punto de debutar con la selección de su país.

Supongo que Tino Costa, cuando piense en el día que decidió marcharse a Guadalupe, se le pondrán los vellos de punta y respirará profundamente, sabiendo que su sueño se ha visto cumplido tras su arriesgada apuesta. Decía un celebre escritor que los sueños, sueños son. Tan obvio como que sin sueños no podríamos vivir.

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