El humorista Juan Luis Cano, miembro de Gomaespuma y eminente aficionado atlético, ha comparado en más de una ocasión a “su” gran rival, el Real Madrid, con Disneylandia: un lugar donde al final todo sale bien, todo es alegría y felicidad. En contraposición el Atlético sería más parecido a la vida real, con sus sinsabores y sus modestas alegrías. Así era cuando Torres marchó de camino al Liverpool en 2007.

Ahora regresa el niño, el que fuera capitán y máximo estandarte del Atlético en los siete años que pasó en el primer equipo. A lo largo de esos siete años no fue capaz de ganar un derby contra el eterno rival, el Real Madrid, pero ahora, a los tres días de ser presentado ante 45.000 personas en el Vicente Calderón, Fernando Torres completa el cuento de hadas de su regreso saldando la cuenta pendiente de derrotar al vecino.

Fernando Torres, durante su presentación

Fernando Torres, durante su presentación

Se planteaba partido raro anoche en la ida de los octavos de final de la Copa. El local conjunto rojiblanco presentó una alineación en la que la presencia del ilusionante Torres no escondía la ausencia de hombres tan fundamentales como Tiago, Arda o Mandzukic. Simeone desconcertó de entrada a más de un aficionado que temió que se estuviera tirando la Copa ante un rival tan especial, la presencia del joven Lucas y del veterano Gámez en los laterales o la del inseguro Oblak bajo palos no auguraba una noche tranquila.

Enfrente, Ancelotti sentaba a un Cristiano Ronaldo cuyo estado de forma empieza a parecerse más al de finales de la temporada pasada que al torbellino del arranque de ésta. A cambio, adelantaba a James, daba paso a Khedira en el centro del campo y a Varane y Arbeloa por Pepe y Carvajal atrás. Por último, la confirmación de Navas como meta para la Copa.

Arrancó el encuentro con dominio blanco. Un cabezazo de Ramos a la salida de un córner fue la primera y, a la postre, mejor ocasión de los madridistas en todo el partido. Oblak, que dejó sensación de portero poco atajador pero con buenas maneras, respondió bien. Curiosamente en otro balón parado, Bale marcó un gol correctamente anulado por fuera de juego en el minuto 14. Hasta ese momento el Atlético no daba buenas sensaciones.

Justo en el saque del fuera de juego de Bale los locales montaron una contra fulgurante de la mano de Griezmann que estuvo cerca de abrir el tanteador, pero que sirvió para darles confianza y adelantar líneas. Los improvisados laterales se fueron asentando y ganando seguridad, Griezmann y Fernando Torres aprovechaban su velocidad para presionar sin descanso la salida del balón merengue y el poblado centro del campo colchonero aburría la circulación de balón de los blancos.

Según avanzaba la primera mitad el Atlético se sentía más cómodo defendiendo, aunque le faltaba algo de conexión con los puntas para crear peligro. En el Real Madrid trataban de aparecer James y, sobre todo, Isco para poner fútbol entre las minas que su rival sembraba en la medular. Ante esa dificultad, la profundidad la ponía Marcelo a quien Gámez (con la inestimable ayuda de Raúl García) fue cogiendo la medida ¿Y Bale? Pues el galés lo intentó, se perdió muchos minutos en la tela de araña que Simeone teje en estos partidos entre sus centrales y sus mediocentros y apareció bastante más cuando se fue a banda, pero con muy poco éxito. Cuando el de Cardiff no tiene campo abierto para correr le salen limitaciones impropias de un futbolista de 100 millones de euros.

Se llegó al descanso con la sensación de partido cerrado que incomodaba profundamente al Real Madrid y animaba a seguir en la misma línea al Atlético. La presión alta con la que el Cholo planteó el segundo tiempo acercó al Atlético al marco de Navas. En un saque de banda, Sergio Ramos incurrió en claro agarrón y derribo a Raúl García (aunque el sevillano lo entienda como un forcejeo normal) dentro del área. Penalti que el propio navarro transformó encendiendo los ánimos de la hinchada.

Los de Ancelotti siguieron dominando territorialmente, pero el ritmo de partido y la confianza eran para los rojiblancos. Se jugaba según lo que buscaba Simeone. Llegaron los cambios. El Real tiró de Cristiano y Jesé, que también naufragaron en la fe atlética. Koke, Arda y Mandzukic dieron refresco y alguna salida de balón a los colchoneros, que sentenciaron con un soberbio cabezazo de Giménez en un córner a 14 minutos del final. De ahí en adelante, casi estéril dominio madridista y mucha tensión, con alguna patada fea.

Giménez celebra su gol contra el Real Madrid

Giménez celebra su gol contra el Real Madrid

Un 2-0 que sirve para saludar al ídolo Torres, aquel que puede que no esté en el mejor momento de su carrera y que por ello algunos no entiendan el cariño mostrado en su recibimiento. Pero es que este chico fue la única ilusión a la que aferrarse cuando el club se diluía en la Segunda División, fue quien tiró del carro como nadie en esas difíciles primeras temporadas en la máxima categoría, el único motivo de orgullo de la hinchada atlética en ese momento. Es lo que los italianos llaman uno di noi (uno de nosotros). Solo faltó que aportara un poco más al juego, ya que estuvo voluntarioso pero impreciso.

Este Atlético incomoda enormemente al Real Madrid, reconociendo su inferioridad futbolística frente a los recursos ilimitados merengues, Simeone plantea a la perfección partidos que suponen una visita al dentista para los blancos. No es que el Atleti solo sepa jugar así, como algunos piensan, sino que contra equipos netamente superiores sabe que es la única forma de ganar.

Los de Ancelotti solo fueron un conjunto ante la prensa, donde repitieron la consigna de que su rival solo juega con pelotazos y a balón parado (¿acaso cada uno no puede jugar a lo que quiera?). También esgrimieron el argumento del juego duro, a pesar de que la peor patada del partido fue un plantillazo alevoso de Arbeloa por el que mereció la roja directa y que el colegiado no entendió ni siquiera como falta, y el del arbitraje, a pesar de que acertó en el penalti señalado y en el gol anulado a Bale. Los únicos errores graves de Clos Gómez fueron no expulsar a Arbeloa (por la acción ya comentada) y a Sergio Ramos (por una clara mano que no vio el árbitro y que le hubiera supuesto la segunda amarilla).

El fútbol con mayúsculas de este Real Madrid lo pone Isco, con aportaciones de James o Kroos. Si les bloqueas el mediocampo todo queda en la pegada de los de arriba, casi infinita, pero que a veces (como en Valencia o en el Calderón) no es suficiente o no aparece.

Un buen resultado pero no definitivo para los rojiblancos, que salen reforzados en su convicción de que superar al Real Madrid no es imposible, como parecía en aquellos tiempos cuando el niño era el clavo ardiendo. Bienvenido a Disneylandia, señor Fernando Torres.

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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