Hace una semana se cumplió un año del cese de Pepe Mel como entrenador del Real Betis. Desde entonces, el equipo verdiblanco ha ido de mal en peor. Todo lo que se ha intentado hacer para enderezar el rumbo deportivo del club ha sido desastroso. Ni el peor de nuestros enemigos lo habría hecho peor.

Quizá el inicio de los males del Betis fue en la planificación de la temporada. Los fichajes no fueron los que necesitaba un equipo que iba a jugar la Europa League. Cierto es que Mel tenía al equipo colista con 10 puntos en la jornada 15. Pero estaba a tan solo una victoria de la salvación. Lo que llegó tras el entrenador madrileño fue, sencillamente, esperpéntico.

Garrido hundió al equipo con un balance de cuatro derrotas y un empate que dejaron al Betis casi sin opciones de salvarse con media Liga por jugar. Calderón tampoco consiguió dar con la tecla y no obró un milagro que era imposible. Con el argentino en el banquillo se produjo la que es, en mi opinión, la mayor decepción que ha sufrido el bético: caer eliminados en la Europa League a manos del Sevilla desperdiciando el 0-2 del encuentro de Ida.

Y para continuar con los despropósitos y las malas ideas, se confió en un entrenador inexperto para encabezar el retorno a Primera. Velázquez no se ha comido los polvorones en Sevilla y, de momento, Merino (también inexperto pero al menos bético) es el encargado de llevar las riendas del primer equipo. Pero no queda ahí la cosa, ya que la dirección deportiva no sabe si confiar en Merino o fichar a Mel.

Este embrollo y sinsentido es el que tenemos que soportar los béticos. Y eso que solo les estoy contando el ámbito deportivo. Si entramos en otros menesteres, podría escribir una trilogía que dejaría en pañales a la del Señor de los Anillos. De pena.

Sobre El Autor

Apasionado del fútbol y Bético por encima de todas las cosas. Continuamente pendiente de la actualidad del club verdiblanco, disfruto y sufro con las alegrías y sinsabores del Betis. Ser Bético es real como la vida misma, ya que uno aprende a levantarse tras continuas caídas. Y ahí está la verdadera fuerza del Betis: en sobrevivir a los contratiempos.

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