Quizás usted se haya visto alguna vez en la tesitura de no saber si quedarse en su puesto de trabajo siendo claramente cola de ratón o irse a otro sito donde le prometen (o simplemente piensa) que pasará a ser cabeza de león. Es decir, estar en una empresa de las grandes teniendo un papel testimonial o pasar a otra más modesta pero con un papel principal.

Esto es precisamente lo que se le pasó por la cabeza a Pedro Rodríguez el pasado verano cuando tuvo la oferta del Chelsea. En el Barcelona tenía un claro rol de suplente, como me atrevería a decir lo tendría cualquier jugador que hoy día tuviera que luchar por un puesto con el trío Messi, Neymar y Suárez. Llegó Mourinho y le convenció de que en su Chelsea sería un habitual en el once y además conquistaría títulos como lo hizo en el Barsa.

Sin embargo, apenas tres meses después, Mourinho ya no está, el Chelsea coquetea con el descenso y Pedro forma parte de un grupo de jugadores blues señalados como culpables (en parte) del desastre situándose en primera fila de salida ya sea en el mercado invernal o en el próximo verano.

No hay que ser un lince para pensar que Pedro estará dándose cabezazos con las paredes lamentándose de la maldita la hora en la que decidió dejar el Barsa. Mientras sus excompañeros y aun amigos disputan mañana la final para conquistar el 5º título de la temporada, el canario está metido en un equipo que no funciona, una liga a la que no se adopta y quien sabe si viendo peligrar el participar en la próxima Eurocopa.

Y es que a pesar de lo que se pueda pensar a simple vista, muchas veces es mejor ser cola de león que cabeza de ratón.

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