Eso es Ancelotti. Un entrenador que se dedica solo a eso, a entrenar. Muchos le recibieron con ganas la temporada pasada a su llegada a Madrid. La sombra de Mourinho era alargada y sus defensores entre la afición y medios tampoco andaba a la zaga.

Tras un inicio dubitativo, Ancelotti se sacó de la manga la posición de Di María en el centro del campo. El primer golpe de entrenador del italiano cambió el juego del equipo solucionando un problema para aportar un elemento desequilibrante en la alineación blanca.

Posteriormente vinieron la Copa del Rey y la tan ansiada décima en lo que fue un año para enmarcar.

Segundo capítulo de la historia. El Madrid se encuentra con la inesperada espantada de Xabi Alonso y con la venta de probablemente el jugador que en mejor forma estaba, el argentino Di María. Grito en el cielo de la capital donde “se acusa” (entre comillas ya que, como en su momento la de Mourinho, la sombra de Florentino aquí también es alargada) a la directiva de haberse “cargado” un equipo campeón.

De nuevo, tras un triste comienzo con la pérdida de la Supercopa de España y derrotas ante Atlético y Real Sociedad, se lesiona Gareth Bale y Ancelotti vuelve a intervenir. Isco (jugador secundario en la temporada pasada) se incorpora al centro del campo. 4 centrocampistas apoyan a Cristiano y Benzema. Resultado, el Madrid vuela.

Ese es Ancelotti, un entrenador que huye de polémicas y que muestra como mejor credencial el hecho de que toma decisiones. Esperemos que en el puente aéreo tomen buena nota

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