Como en una travesía en el desierto, así se siente la afición del RCD Mallorca desde que el equipo descendiera a Segunda División hace ya tres temporadas. Con Serra Ferrer comenzó el declive de un club que llevaba dieciséis temporadas consecutivas en la élite del futbol español, habiendo conseguido grandes gestas como la clasificación para la Champions League o para la final de la Supercopa de Europa y la consecución de los títulos de la Copa del Rey y la Supercopa de España. Ahora, Utz Claassen se erige como el salvador, cual Moisés, prometiendo llevar al equipo a la tierra prometida.

De momento, la imagen del equipo no ha variado un ápice, y parece que el camino va a estar plagado de dificultades y contratiempos. La derrota en la eliminatoria de Copa del Rey del pasado jueves ante el Huesca fue una más de las continuas decepciones a las que nos tiene acostumbrados este equipo. La afición, ya hastiada de tan esperpéntico espectáculo, despidió a su equipo con pitos y pañuelos.

El “Chapi” Ferrer no logra dar con la tecla para que el equipo funcione, pero no parece un problema exclusivo del entrenador, ya que antes de su llegada han desfilado muchos otros por el banquillo bermellón: Jose Luís Oltra, Lluís Carreras, Valeri Karpin y “Nanu” Soler; todos fracasaron en su empresa y ninguno logró tan siquiera dejar un buen sabor de boca. Javier Olaizola fue el único que consiguió transmitir cierta garra al equipo, pero la dirección deportiva no le premió con la continuidad.

Tampoco parece un problema de calidad en los jugadores. Ya en Segunda el equipo ha tenido la suerte de poder contar con jugadores de gran calidad como Tommer Hemed, Víctor Casadesús, Pedro Bigas, Marco Asensio, Gerard Moreno y Alejandro Alfaro, entre otros. Muchos de los jugadores que no han rendido aquí, sí lo han hecho después de abandonar la isla. Quizás el problema sea de actitud.

El último factor, el institucional, tampoco parece una causa clara del mal rendimiento del equipo. Con Utz Claassen como máximo accionista se acabaron las guerras internas de poder, aunque sus decisiones muchas veces sean difíciles de justificar.

Así pues, ¿qué es lo que le pasa al Real Mallorca? Es la gran pregunta que se hacen los aficionados bermellones. Si no hay un problema conocido, no se puede encontrar una solución a éste.

Quizás simplemente sea un problema de enfoque. La directiva, el aficionado mallorquín y quizás alguno de sus jugadores aún creen que su equipo es de Primera División. Nada más lejos de la realidad, el club históricamente ha pasado más tiempo en Segunda División que en la máxima categoría del fútbol español. Las dieciséis temporadas consecutivas en Primera han sido el mayor logro cosechado por este club. Y no es algo que vaya a ser fácil repetir.

La Segunda División es nuestro hábitat natural, solamente cuando seamos conscientes de este hecho podremos ser capaces de competir en la categoría. El ascenso no debe ser el objetivo ineludible, ya que la decepción será mayor al no conseguirse éste. El primer paso debe ser lograr un equipo competitivo. Una vez conseguido, ya nos pondremos nuevas metas. Tengamos paciencia, el camino será largo. Volveremos, tarde o temprano, pero volveremos.

Escrito por Xisco Ramis

– Director de la web RCDM.es

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