Venimos de una semana tensa, de asuntos enrevesados, desagradables y extradeportivos. Empezamos con el veto al fichaje del ucraniano Zozulya expresado por los aficionados del Rayo Vallecano debido a sospechas sobre su filiación política, seguimos con el asqueroso episodio de violencia de género protagonizado por el colchonero Lucas Hernández y cerramos con la suspensión del Deportivo – Betis y del Celta – Real Madrid, que ha provocado un enfado inaudito en el equipo líder por la sobrecarga del calendario.

De toda esta extraña semana, me quedo con el caso Zozulya. Como vallecano adoptivo que soy, por cercanía y conocimiento del terreno creo que hay cosas que en los grandes medios se están obviando y que impiden que se comprenda algo mejor un asunto que, de antemano, es sobradamente complejo y oscuro como para poder dictaminar quién tiene razón.

Recopilando, Zozulya es un delantero internacional ucraniano de gran nombre en su país que recaló este verano en el Real Betis sin demasiada suerte. Por ello, se ha convertido en pieza cotizada para equipos de Segunda División en el mercado de invierno. Como cualquiera bien informado sabrá, Ucrania vive una guerra entre prorrusos que pretenden la independencia de ciertas partes del país para integrarlas en Rusia y nacionalistas ucranianos que pretenden mantener la integridad de su nación (explicado a muy grandes rasgos; como en cualquier conflicto, si se conoce en profundidad, surgen muchas más aristas). Zozulya apoya abiertamente a los nacionalistas ucranianos.

Dentro de ese bando se han encontrado facciones de extrema derecha e incluso neonazis (si bien la versión oficial ucraniana culpa de esa fama a la propaganda rusa). El Rayo Vallecano se ha hecho con los servicios del delantero en el mercado de invierno. La afición del Rayo, marcadamente izquierdista, dada la sobrexposición pública de Zozulya como defensor de ese bando, ha identificado al jugador ideológicamente como miembro de la extrema derecha. Por tanto, ha ejercido un fuerte boicot sobre la presencia del futbolista en su plantilla que, parece, va a desembocar en que no vista la camiseta del Rayo. Según la legislación, el futbolista ya no puede ser fichado por ningún otro club, por lo que no podría jugar en ningún club que no fuera el Rayo hasta la apertura del mercado de verano. Estos serían los hechos puros y duros, pero todo tiene un contexto que da y quita razones.

Por el lado que más cerca me toca, el aficionado rayista es de una pasta especial, para lo bueno y para lo malo. Es probablemente la afición más marcada políticamente de todo el fútbol español. No es solo cuestión de un grupo ultra identificado ideológicamente (eso ocurre en cada estadio), aquí es la práctica mayoría de la afición la que tiene una actitud militante de izquierdas.

Para estos aficionados, la militancia en unos valores es inherente a su condición de fanáticos de su equipo. No es disociable. Esto les lleva a iniciativas como evitar un desahucio de una vecina de Vallecas o convertir su segunda y tercera equipación en plataforma para defender causas sociales, pero también a protestas sonadas y generalizadas contra la directiva bien por la política de abonos o por este caso de Zozulya.

Rayo Vallecano

Rayo Vallecano

Es un hecho que esto no justifica el comportamiento de un grupo reducido de aficionados en el primer entrenamiento del ucraniano, profiriendo graves insultos hacia él en una escena de lo más desagradable. Eso sí, tampoco es correcto hacer lecturas que se han visto en algunas tertulias que calificaban esta protesta de rabieta de un grupo ultra que quería imponer su voluntad al resto de la afición o insultos a los socios e incluso a todos los vecinos de Vallecas (he llegado a escuchar que todos los vallecanos somos unos incultos). Algunos opinan que en cuanto Zozulya hubiera marcado un par de buenos goles se habría acabado el problema. Créanme, si al aficionado rayista le dicen que once Zozulyas les subirían a Primera, la inmensa mayoría preferiría bajar a Segunda B.

También hay que tener en cuenta la situación del propio jugador. Ser un personaje público importante en un país en guerra es una situación extraña para los que lo vemos desde la “cómoda” perspectiva de los que residimos en países con problemas graves, pero muy diferentes. Si habiendo madurado en una sociedad fuertemente militarizada es más o menos normal tener fotografías con armas o ciertos acercamientos a líderes o grupos extremistas y potencialmente peligrosos, es algo difícil de juzgar para nosotros.

El equilibrio de Zozulya en su país es complicado. No sabemos qué ideología o formas de proceder adoptaría este chico de haber crecido en otro país o en otra situación histórica, pero tampoco esto es motivo inequívoco para apoyar ciertos movimientos o tener actitudes como la agresión a un árbitro cuando militaba en el Dnipro. En todo caso, su filiación política es compleja y dudosa.

Aquí entra en juego la tercera pieza de este puzzle, el club, representado sobre todo en la figura de Raúl Martín Presa. Es normal que la dirección deportiva busque futbolistas por su naturaleza como tales y no por sus filias y fobias, pero es que el Presidente del Rayo parece no haberse dado cuenta de la peculiaridad de su club. Por más que quiera, a Martín Presa le costará mucho más que a cualquier otro dueño del fútbol profesional imponer su voluntad ante la grada, mucho más acostumbrada a organizarse y luchar por lo que entienden como sus derechos ante un club que sienten como propio aunque el reparto de acciones diga lo contrario.

A Martín Presa su afición le acusa de ir habitualmente a remolque de su gente a la hora de tomar medidas, y en este caso debo estar de acuerdo. Cuando el día antes del cierre del periodo de fichajes las peñas le advirtieron de que no querían a Zozulya ante la sospecha de que fuera simpatizante de la extrema derecha, una persona que conociera a su público hubiera dado marcha atrás al fichaje. Con su sensación de que “aquí no pasa nada” decidió tirar hacia delante y meter en un lío irresoluble a su afición y al jugador.

Martín Presa es, en mi opinión, el gran culpable. Parece imposible demostrar fehacientemente si Zozulya es o no de extrema derecha, pero la percepción de la afición del Rayo es suficientemente potente para anteponerse a la que pueda o no ser la realidad. Para el Presidente sí debió haber sido sencillo entender la realidad de su club antes de decidirse a cerrar el fichaje, y ahora parece obligado a “comerse” a un jugador que no va a poder jugar. Estemos o no de acuerdo, nadie va a cambiar la realidad de Ucrania, ni la de Zozulya… ni la de Vallecas. Al fin y al cabo, el equipo madrileño es un ejemplo de lo que muchas veces reclamamos: una mayor identificación de una afición con su equipo, un club de barrio, por y para el barrio, para lo bueno y para lo malo. Por eso también me sorprende que a muchos les parezca un escándalo que los aficionados influyan en las decisiones del club cuando otras veces reclamamos mayor sensibilidad por parte de los dirigentes con sus aficiones.

Espero que este asunto se acabe resolviendo de forma satisfactoria para todos. Por mi parte, he tratado de ser breve y dar unas claves que puedan ayudar al lector a ponerse en el lugar de cada actor de esta historia. Hecho esto, espero que podamos dejar atrás una semana tan compleja para retomar los asuntos futboleros, que son los que más nos gustan.

Sobre El Autor

Director Adjunto

Futbolero y colchonero desde 1978. Sé por qué soy del Atleti, pero no puedo explicarlo. Si quieres hablar de fútbol, aquí tienes un amigo.

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