La primera vez. El estreno. Seguro que tú también guardas un grato recuerdo de aquel momento. El nerviosismo, la agitación, la novedad. Todo, cada instante, era mágico. Y allí estaba yo. Los ojos de un niñuco ensimismados ante aquella adorada, hermosa e idealizada estructura. El Sardinero. Los Nuevos Campos de Sport, ya que mi edad no me permite rescatar los recuerdos de su viejo y coqueto hermano mayor. Aquel que siempre permanecerá en la memoria colectiva racinguista.

Para los muy jóvenes, y los que vendréis después, espero que podáis seguir disfrutando del pequeño tesoro que esconde el parque del Dr. Mesones. Ojalá que cuando os topéis, escondido entre matorrales, con aquel frío córner metálico, una milésima parte de la magia verdiblanca  impregnada en  el lugar os llegue al corazón. Y os haga un poquito más racinguistas.

Partido en El Sardinero

Asciendo por el vomitorio, subiendo de dos en dos las escaleras…y de repente…la luz!! Me pareció lo más grande que había visto en mi vida. Enorme!!  Era el primer partido de la temporada, aquel brillante ejercicio en el que, tras un lustro, conseguimos retornar a Primera. En el campo Setién, Tuto, Roncal, Benito…Un bigotudo bielorruso con clase y un nigeriano bi-motor.

Ceballos, yo de mayor quería ser Ceballos…Y por fin lo podía ver de cerca, creía que cuando le gritaba él me escuchaba, que todos mis ídolos verdiblancos estaban pendientes de mis voces y señales. Sueños infantiles.

Aquel partido lo ganamos. 2-0 contra el Badajoz. Benito, uno de mis ídolos, fue el jugador que inauguró el marcador esa tarde. Y, desgraciadamente, también fue su último partido con mi adorada camisola racinguista. Un tío como él se merece pedurar en el olimpo de este club.

Pero el resultado fue lo de menos. Aquel día se comenzó a tejer una victoria aún mayor. La de mi desbordado-masoquismo verdiblanco. Quedé contaminado de eso que sólo puede sentir la gente que, como vosotros, quiere con locura a su equipo.

Esto es un pequeño homenaje a la primera vez. La mía fue en El Sardinero, puede que la tuya fuese en el Calderón, en el Molinón, en Zorrilla, en San Mamés, o en el Camp Nou. O tal vez en el Tartiere.

Pero seguro que, en aquel preciso momento,  en otra época y en otro lugar, los dos sentimos algo parecido.

Aquel olor a verde, a pipas y a hormigón…