Soy bético por los cuatro costados. Por muy mal que vengan dadas, seguiré siendo del Real Betis Balompié. Mi lealtad y fidelidad al club de mis amores está a prueba de bombas en forma de descensos, temporadas horribles y éxitos del otro equipo de la capital hispalense.

Llega a tal punto mi devoción por los colores verdiblancos, que le tengo simpatía a otros equipos que comparten esos benditos colores. Así, me gusta que ganen y triunfen conjuntos como el Sporting de Portugal, Celtic de Glasgow, Werder Bremen, Palmeiras, Atlético Nacional, Panathinakos o Banfield, por citar algunos. Me voy a centrar en el último equipo de los anteriormente citados porque, precisamente hoy, hace siete años, se proclamó campeón del Torneo Apertura de la Liga Argentina.

James Rodríguez celebrando un gol con Banfield

Los más frikis del fútbol sabrán que en ese equipo era una pieza fundamental James Rodríguez. Con tan solo 18 años, el colombiano ya demostraba una calidad, una determinación y un carácter ganador que, con el tiempo, se ha confirmado, aunque últimamente no esté pasando por sus mejores momentos futbolísticos. También formaban parte del equipo titular de Banfield, otros jugadores que han pasado por la Liga de España, como Sebastián Fernández (Málaga y Rayo), Víctor López (Real Sociedad) y Sebastián Méndez (Celta de Vigo)

En 2010, gracias al campeonato logrado, disputó la Copa Libertadores. Su papel en la competición continental más importante de Sudamérica fue discreto, alcanzando los Octavos de Final, siendo eliminado por Internacional de Porto Alegre. Al finalizar el Tornero Clausura de 2012, Banfield descendió a Segunda División, recuperando la categoría dos años después.

A día de hoy, el de 2009 es el único título que posee El Taladro, que actualmente se encuentra clasificado en sexta posición de la Primera División argentina, a cuatro puntos del liderato, que está en poder de Boca Juniors, que el domingo venció 2-4 a River Plate, en el clásico del fútbol argentino.

Sobre El Autor

Apasionado del fútbol y Bético por encima de todas las cosas. Continuamente pendiente de la actualidad del club verdiblanco, disfruto y sufro con las alegrías y sinsabores del Betis. Ser Bético es real como la vida misma, ya que uno aprende a levantarse tras continuas caídas. Y ahí está la verdadera fuerza del Betis: en sobrevivir a los contratiempos.

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