Vergüenza, es lo que sentí, como cualquier otro culé cuando vi el partido del Barça el pasado martes. Vergüenza de ver a once jugadores que no dignificaron la camiseta que llevaban puesta. Se puede perder, pero no de esa manera. No de esa manera, sin luchar, sin sudar casi la camiseta, corriendo sin sentido, sin ningún orden táctico, sin solidaridad con el compañero, sin ser consciente de que millones de personas estaban empujándoles anhelando llegar a semifinales. Millones de culés se sienten orgullosos de llevar esa camiseta a las pachangas los fines de semana, al colegio, la universidad o el trabajo. Millones marcan en rojo sus partidos, la mayor parte de ellos somos gente que, los afortunados, cobramos a fin de mes y que en muchas ocasiones nuestra válvula de escape tras la dura jornada laboral es ver a nuestro equipo. Miles ahorran cada día para poder ir a verles al Estadio o para acompañarles en su periplo europeo o por España.

Ellos son once jugadores privilegiados, que no tienen que preocuparse de llegar a fin de mes porque cobran sueldos desorbitados, que tienen un plato de comida todos los días, que están rodeados de los mejores equipos profesionales para permitirles el sueño de la mayoría de nosotros, darle patadas a un balón y poder vivir de ello. Por eso se les puede exigir, exigirles que hagan lo que nosotros tenemos que hacer cada día, hacer nuestro trabajo con la mayor dedicación. Ellos no lo hicieron, no corrieron, no lucharon, no tomaron decisiones, fueron incapaces de dar tres pases seguidos o de chutar a portería hasta que ya era demasiado tarde.

¿Qué pensarían los culés que fueron al Estadio Olímpico de Roma? ¿Alguien les va a devolver el dinero del viaje para ver como sus jugadores mancharon la camiseta? Dicen las crónicas que en el viaje de vuelta el avión parecía un funeral ¿y qué? ¿Eso les hace más cercanos a los aficionados? Muchos de los seguidores se fueron a la cama sin cenar, los de otras latitudes durmieron apenas 3 horas, las tertulias entre amigos culés se prolongaron hasta la madrugada, al día siguiente muchos fuimos a trabajar con tristeza, con la sensación de que nos habían robado algo, la ilusión. Ellos no sabemos si estaban tristes porque saben lo que significa ese escudo o porque ya no podrán optar al Balón de Oro, jugador de la UEFA, no irán con la selección o no cobrarán la prima por pasar de ronda.

Semedo cae Roma Barcelona

Vergüenza por la actitud de jugadores como Umtiti que está más centrado en saber donde jugará el año que viene o si puede arrebatarnos un pastizal por renovar que de jugar al fútbol. Decepcionante Sergi Roberto, que siempre ha dicho que su lugar es ser centrocampista para luego jugar allí y correr la banda sin sentido. Demasiado laxo Sergio Busquets, que sí, que estaba lesionado o mermado pero si no estás para jugar pues lo dices pero no nos hagas jugar con 10. Inexistente Suárez, lucha y corre pero siempre va al borde de la provocación y hace un mes que no combina bien con el compañero. Terrenal Messi, en el partido en el que más lo necesitábamos no apareció, tuvo el día de desconexión y lo pagó el equipo. Blando Semedo, no fue de los más desentonados porque replegó bien y rápido pero muy blando en la marca. Impotente Don Andrés Iniesta, la brújula ya no está para estos partidos de alto nivel físico, ningún reproche Don Andrés. Al único que salvaría es a Ter Stegen, poco pudo hacer en los goles y nos proporcionó un sufrimiento lento evitando la debacle mucho antes.

Ernesto Valverde Roma Barcelona

Vergüenza por la dirección de Ernesto Valverde. Todas las cualidades con las que ha dotado al equipo: orden defensivo, solidez y capacidad de sufrimiento volaron por los aires al minuto tres de partido. Podríamos discutir la alineación, sobre el papel era muy correcta, el análisis detallado demuestra que parte de la culpa fue suya. Lo fue porque ha sido incapaz de dosificar a los jugadores para que llegasen frescos. Sin irnos muy lejos, en el partido del Sevilla el Barça dio síntomas de que esto podía pasar pero Ernesto no hizo nada. Que no podía jugar Busquets, quemaba a Rakitic. Que no podía jugar Alba, pues pongo a Sergi Roberto de lateral izquierdo. Que Piqué tiene que hacer estiramientos en su rodilla cada 15 minutos, pues no pasa nada que sea titular siempre. Este año que Vermaelen nos ha callado la boca a muchos, entre los que me incluyo, que ha demostrado que es un jugador de primer nivel, vas Ernesto y no lo utilizas nunca.

Mención aparte merece su gestión de los cambios. Ernesto se te paga por tomar decisiones, hasta los culés de 5 años sabían que el equipo finalizada la primera parte se iba a romper de seguir así y no hiciste ningún cambio. Miraste al banquillo y te asustaste, no sabías si tirar al equipo hacia atrás con Vermaelen o hacia delante con Dembélé y ante la duda a 10 minutos para el final sacas a André Gomes, que no es que sea un prodigio de ímpetu y ganas. Se nos vendió el fichaje de Paulinho como el de un jugador cuyo perfil no teníamos, era la aguja que iba a remendar descosidos como los de Turín o París del año pasado. Esta era la segunda parte de Paulinho, para esto se le fichó, este era su partido Ernesto y no le diste ni un minuto. No seré yo el que te quite méritos en la campaña que estás haciendo con el Barça, Ernesto, equipo imbatido y en la final de la Copa del Rey. Pero Ernesto agotaste tu crédito con tu planteamiento y resolución del martes. Si no confías en tu banquillo cámbialo, pero si no te ves capaz de configurar una plantilla que te permita cambiar el rumbo de estos partidos ahí está la puerta, gracias por los servicios prestados, siempre serás para nosotros un señor y uno de los nuestros.

Buffon se despide Italia

Vergüenza he sentido también al ver las reacciones al partido del Real Madrid de ayer. La Juventus de Turín volvió a demostrar que la Vecchia Signora no se rinde nunca, sean los jugadores que sean el gen competitivo lo llevan en su ADN futbolístico y si no lo tienen se les inocula. Ellos creyeron que podían remontar la eliminatoria. Poco les faltó. Se lo impidieron. No fue el equipo contrario. Fue alguien desgraciadamente conocido en los partidos europeos de la entidad merengue. Al Real Madrid se le permite todo, los desvanecimientos en el área contraria son penalti o pérdida de equilibrio, en el área propia son tarjeta amarilla. Los jugadores sancionados se pueden situar a ras de césped por si hay que presionar un poco porque el cuarto árbitro está para ver si el entrenador contrario pisa la línea discontinua pero para poco más. Si Allegri y Ramos llegan a tener ayer algo más que palabras ¿quién hubiese sido el responsable?

Al árbitro de ayer no hubo que presionarle, supo escoger el camino más corto. Lucas siente el contacto y se lanza al césped antes de que Benatia sea capaz de hacerle penalti. Michael Oliver no lo dudó, otros hicieron lo mismo y no dejaron de ser premiados. La rabia fundamentada del estandarte juventino por excelencia, Gianlugi Buffon le permitió dar el estoque. Roja y partido finiquitado. De nada sirvió lo que aconteció después. Michael ya había resuelto el partido. De haber parado el penalti, cuyo lanzamiento la prensa española ya se está encargando de ensalzar para allanar el Balón de Oro para Cristiano, los siguientes treinta minutos con diez jugadores hubieran sido un suplicio para la entidad italiana. Lamentable lo que vino después. La discusión entre los jugadores. Decepcionante la entrevista a Cristiano en la que sacó del campo lo que ocurrió allí. De muy poco señorío las palabras de Marcelo diciendo que el Madrid no es el Barça. Cierto Marcelo. Pero como seguidor culé no quiero serlo. Envidio muchas cosas de vosotros, vuestra alta competitividad, el saber que podéis conseguir los objetivos a pesar del juego. Nunca envidiaré la prepotencia en el trato al rival.

El Barça cayó porque hizo un partido lamentable, como vosotros ayer. La diferencia es que no nos allanaron el camino hacia la semifinal, pitando un penalti en el minuto 93 (si alguien tiene interés que mire la jugada que aconteció en ese minuto en Turín) y mermando al equipo contrario con la expulsión de Dybala en la ida y de Buffon en la vuelta, o la de Verratti en cuartos, o la de Vidal el año pasado… Mi equipo fue vergonzoso, un bochorno absoluto, pero cayeron en buena lid. Acabado el partido no he escuchado a ningún jugador decir que la dureza de la Roma fue consentida por el árbitro, que podían haber acabado con nueve jugadores. Aceptaron el bochorno sin excusas. En eso es verdad que el Barça no fue como el Madrid.

En definitiva que esta jornada de Champions minimiza el mayor mérito español, la eliminatoria que ha hecho el Sevilla, el único de los tres equipos que se mereció pasar de ronda. Pero eso a la prensa española no le interesa…

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.