El primer partido de Liga es uno de esos partidos trampa en el que si las cosas no salen bien abren una semana de rumores, críticas y palos bastante gratuitos y con poco fundamento. Muchos tienen preparados sus cuchillos por si la cosa se pone a tiro, sobre todo si el primer partido es en un campo tan difícil como San Mamés. Como toque final para cargar aún más el entorno, el morbo añadido de la reciente Supercopa de España. Un partido difícil y ciertamente complicado.

Pero si hay algo que defina a este Barça de Luis Enrique es esa capacidad de cambiar sin ninguna vergüenza el traje de artista por el mono de trabajo. Con Lucho el equipo ha aprendido a sufrir, a aguantar y a sudar un resultado, algo que en algunos momentos de su historia se le había echado en cara.

Se ganó el partido y con mucho trabajo. De ese trabajo que el público en general no suele apreciar por su poca vistosidad, pero que da victorias como las de ayer. Lo que sería una victoria de oficio. Así pudimos ver a Vermaelen insuperable por alto, sin complicarse la vida y jugando fácil, ya sea al pase corto o al patadón. Vimos a Iniesta recuperando cualquier pelota que cayera en el mediocampo, marcando el ritmo del partido y desesperando a Beñat. Y a Mascherano guardando las espaldas de un destacadísimo Sergi Roberto, que llegaba una y otra vez hasta la línea de fondo.

El Athletic está pagando un duro inicio de temporada. El físico solo le aguantó hasta el minuto 50 y tras el gol bajaron la intensidad y la presión. Entonces con más espacios se vio algo de lo que puede llegar a volver a ser este Barça, como el slalom de Messi o la gran combinación de toda la delantera que Sergi Roberto estrelló en el larguero (que bien aprovechó este chico su oportunidad).

Una victoria de oficio que se ha de valorar en su justa medida y con hechos objetivos: un campo difícil al que no hay que volver, la portería con Bravo a cero y gol de Luis Suárez. No se puede pedir más. La cruz, las lesiones de Alves y Busquets que dejan un poso amargo y un pequeño miedo a no aguantar el tipo hasta enero.

Sobre El Autor

Nací en Barcelona y pronto adopté como ídolo a Maradona, el mejor. Más tarde conocí la clase de Van Basten, la magia de Romario, la elegancia de Zidane, volví a ilusionarme con Ronaldinho y me siento afortunado por haber visto jugar a Messi. Estilo y fantasía, así me gusta el fútbol.

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