Me despido de esta temporada 2017-2018 con un sabor agridulce. Los que amamos de verdad este deporte esperamos ansiosos ponernos delante del televisor cada cuatro años y descubrir nuevos talentos futbolísticos, nuevos planteamientos, sorpresas tácticas, entrenadores transgresores y algo que a mi me encanta, el hermanamiento entre aficiones de países de todo el mundo. Disfruto viendo esas caras pintadas hasta el escote, siempre me preguntaré cuánto tardan en desmaquillarse.

Si alguien me pregunta cuál fue el partido que más me gusto del Mundial, tengo dos, el primero el que enfrentó a las selecciones de Suecia y Suiza en octavos de final. En ocasiones el excesivo respeto por el rival hace que éste se transforme en miedo provocando que el equipo transite todo el partido en su propio campo, limitando el juego ofensivo a situaciones muy puntuales. Pues bien, estas dos selecciones “no se respetaron”, ninguna estaba por encima de la otra, lo que propició un partido abierto, con llegadas y ocasiones para ambos conjuntos. El otro fue el Bélgica-Japón en donde los belgas se vieron obligados a remontar con un ritmo frenético y con una clase magistral de cómo ejecutar una contra. El sopapo que recibió de los nipones les hizo reaccionar de ese fútbol “control” en donde lo único que controlas es el balón en tu propio campo, lugar en el que el rival quiere que estés, detalle que muchos entrenadores obvian.

Adonde quiero llegar es al exceso de protección por parte de la gran mayoría de selecciones que llegaron a la Fase final de este Mundial. Esa mutación del respeto a miedo hace inferior a estas selecciones, en muchos casos renunciando al trabajo de meses. Como ejemplo pongamos el España-Irán, nos adelantamos en el marcador y hasta el minuto 75 los iraníes no habían pasado de medio campo, defendiendo con 11 jugadores en su área en algunas acciones. A partir de dicho minuto puso en algún apuro a los nuestros. Evidentemente no estoy diciendo que lo hicieran durante los 90 pues desprotegerse durante tanto tiempo solo haría que acabase imperando la calidad, pero es ahí a lo que me refiero cuando hablo de sorpresas tácticas. No vi, cierto es que no los vi todos, en ningún partido un equipo que alternara ráfagas de presión alta con otras de repliegue intensivo de manera intencionada y no provocada por una inercia del propio juego como le sucedió a Inglaterra frente a Croacia que no pudo controlar las embestidas de los balcánicos. Me vienen a la memoria partidos del Real Madrid de Mourinho en los que salían como perros de presa hasta el 1-0 a favor, momento en el que se replegaba para sentenciar al rival a la contra.

Como datos, los 25 partidos que se ganaron por la mínima (1-0 ó 2-1) y la cantidad de goles que hubo en ABP (acciones a balón parado). Lo desconozco porque no lo contrasté, pero seguro que hablando de mundiales este se encuentra entre los que más goles en ABP se anotaron. Las dos semifinales se ganaron por un gol de diferencia, una de ellas en la prórroga. En los octavos tres eliminatorias se resolvieron en la tanda de penaltis y en cuartos una. No estoy haciendo una crítica desde el punto de vista táctico, pues cada uno juega con las armas que considera oportunas, aunque tenga jugadores para hacerlo de otra manera. Aunque no lo comparta debo respetarlo. Pero pasamos de una época en la que primaba el juego de toque y asociativo, o por lo menos intentarlo, a una en la que la protección y el exceso de respeto están al alza. Como muestra un botón, los estandartes de este tipo de fútbol, España, Alemania, Bélgica u otras donde priman la calidad individual como Argentina o Brasil verán la final desde casa.

Disfruten del verano y de la final de esta tarde, que muy a mi pesar y ojalá esté equivocado, espero espesa y tediosa por esto mismo que comenté, una Francia protectora esperando un hachazo a la espalda de los centrales croatas y una Croacia dominadora en su campo, esperando ese hueco entre líneas casi inexistente en el fútbol actual.

Croacia celebra penalties Mundial

Sobre El Autor

Entrenador Nivel 2, dirige la sección "La pizarra de Héctor"

Estudié Ciencias de la Actividad Física, soy Técnico en Psicomotricidad y entrenador de fútbol, mi pasión de siempre. Llevo entrenando desde los 18 años y lo que más me gusta es el trabajo de campo, el contacto con el jugador, la tarea y sus evoluciones. Mis gustos se decantan hacia el fútbol de toque, vistoso y con ritmo, digamos que el Barça de Rijkaard es una referencia.

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