Y en el cuarto día del nuevo año, el Ser Superior de la Blanca Orden de la Concha Espina, posó su mano abierta sobre la brillante y amplia frente de su General de Campo Benítez y le descabalgó del caballo con la rotundidad de un rayo, derivándolo a la profunda oscuridad del abismo reservado para los caídos en desgracia. A continuación, hizo levitar al elegido, el Caballero Marsellés descendiente de la noble estirpe argelina, dominador de la seda y de la espada en sus tiempos en el campo de batalla, ahora iniciándose en su labor de Mariscal de campo con las jóvenes tropas de la Casa Blanca. Le posó a lomos del caballo y le bendijo la tonsura con unas sencillas palabras: “Para ti no existe la palabra imposible”.

Tal vez Florentino Pérez querría que se contara así la situación de ayer, con esa épica que tanto le gusta remarcar mientras se dedica a gestionar el club fijándose más en los números que en la progresión de los jugadores sobre el cesped. Pero esa sería una forma incompleta de contar lo que ocurre en el Real Madrid.

Por supuesto, cualquier equipo tiene la opción de cambiar al entrenador cuando las cosas no van del todo bien, es el pan nuestro de cada día (esta semana puede caer otro del que ya os hablaremos mañana). Además, la situación concreta del Real Madrid ponía a Benítez en la rampa de lanzamiento. No solo son los resultados, un poco por debajo de los que deben pedirse a una institución de ese tamaño, es la sensación de impotencia ante los partidos grandes y, sobre todo, la apariencia de desconexión entre el banquillo y el vestuario y entre el banquillo y la grada.

Las críticas de los aficionados a Benítez ya habían superado a éste, cuya figura parece amortizada desde pocos días después de hacerse cargo del equipo, para llegar a la Presidencia. Eso es algo que Florentino no podía permitir y, aunque tampoco quería aumentar su imagen de trituradora de carne de entrenador, no ha tenido más remedio que cortar la cabeza del entrenador para sustituirle por una leyenda del club, alguien que puede ilusionar a la grada.

Es curioso, aunque no es monopolio de Florentino, que al inicio de las fiestas navideñas diera una rueda de prensa para defender a su técnico e indicar que éste era la solución ideal para el equipo, lo que necesitaban. Típico caso de entrenador ratificado por su presidente que sale por la ventana al siguiente mal resultado. En este sentido, el gran Florentino no ha inventado nada, desde luego.

Florentino Pérez

El Presidente echa mano de Zinedine Zidane. Figura del madridismo y del fútbol mundial al que “pescó” para tenerle en la recámara, primero como ayudante de Ancelotti y luego como entrenador del Castilla (con polémica por el título incluida). Era un secreto a voces que algún día sería el primer entrenador del equipo, pero la situación de desánimo de esta temporada a acelerado un poco esta solución. Seguramente se esperaba que hubiera tenido algún éxito mayor con el Castilla para no dar el salto a Primera División con tan poco bagaje.

La llegada de Zidane supone el último dique para Florentino Pérez. Si Benítez apenas amortiguaba ya los silbidos al palco, Zidane debe ser la figura de consenso que calme a los críticos internos. Si el equipo sigue sin gustar a la afición, pocos van a volverse al banquillo, las culpas van a repartirse entre las estrellas del equipo y su presidente.

Pero es que la planificación deportiva del Real Madrid, a falta de una figura central como puede ser un Director Deportivo o un entrenador con suficiente fuerza para tener capacidad real de decisión en este aspecto, es, como diría el hijo de Rajoy, bastante mejorable (y no sigo con la cita al hijo de Rajoy para no ganarme una colleja). El Presidente debería dedicarse más a sus negocios y a las cuentas del club y menos a este ámbito deportivo, que debería recaer en un profesional del ramo. Es la comidilla sotto voce en los mentideros de la capital las especulaciones sobre la mezcla de ambos conceptos, el deportivo y el empresarial, y estos son rumores que el Real Madrid no puede permitirse.

No existe un concepto de equipo, una idea de juego, una línea de fichajes cabal ni la posibilidad de alinear un equipo compensado sin que se desencadene una lucha de egos o la ira de la Presidencia por dar de lado alguna de las estrellas fundamentales para que el negocio funcione. Se trata de un equipo de infinita calidad, que le basta para sacar adelante con soltura un altísimo porcentaje de los encuentros de la temporada, pero tremendamente descompensado por el peso de sus estrellas.

A todo esto, muy pocos conocen a Zidane como técnico debido a su corta experiencia. Yo me incluyo entre los que no lo tienen muy visto, aunque de lo (poco) que he visto a su Castilla y de la recopilación de informaciones de prensa de estos días podemos colegir que es un entrenador adaptable a diferentes sistemas en función de los jugadores que cuenta, al que le gusta tener el balón pero no amasarlo en exceso y, lo que probablemente sea más importante para su futuro en el banquillo del Bernabéu, con buena relación con los jugadores. Sin ser hombre de grandes discursos, si fomenta el contacto personal con sus pupilos.

 

Esto último puede serle muy útil para entrenar a la plantilla actual del Real Madrid. A Benítez parecían verle como un intruso en el mundo de las estrellas del balón que osaba intentar explicarles a algunos de los mejores jugadores del planeta como hacer su trabajo. El ego del vestuario, unido a que Benítez probablemente se pasara de metódico, hizo que le perdieran el respeto, que no conectaran en absoluto, y eso se notaba en el terreno de juego. Con Zidane eso será diferente, seguramente tendrá un acercamiento más suave a la plantilla que el que tuvo Benítez y la recepción por parte del vestuario será mejor, con mayor respeto hacia el que saben que fue uno de los mejores de la historia, probablemente ídolo de niñez de algunos jugadores actuales. Este factor puede ser incluso más determinante que la destreza táctica del técnico francés a la hora de lograr resultados, debido a la inmensa calidad del equipo.

Más allá de una cierta visión apocalíptica de la campaña debido a los desmanes de la institución madridista (De Gea, Cheryshev, etc), la temporada aun concede grandes posibilidades al Real Madrid. En Champions esperan los octavos de final contra un rival asequible. En Liga, aunque la distancia con el Barça y el Atlético es notable (cinco puntos en caso de que los culés ganen su partido aplazado), es recuperable. Tener en consideración que aun no ha terminado la primera vuelta, que el calendario blanco en la segunda vuelta es más favorable, que el Atlético a pesar del liderazgo saca los partidos por la mínima y que el Barça viene del Mundialito (con el desgaste que eso supone) hace que no se le deba dejar de tener en cuenta para el título. Tan solo están fuera de la Copa, pero eso es otro cantar que nada tiene que ver con el tema deportivo.

Es una oportunidad pero también un riesgo para Zidane, que empieza su carrera con un toro de gran entidad, que los que te sacan o por la puerta grande o por la enfermería. También es una oportunidad y un riesgo para la entidad. La oportunidad de estabilizar a un entrenador de la casa, como Guardiola o Simeone, que lleve los valores de la entidad, pero también el riesgo de amortizar a un técnico que debía ser de futuro. Porque, amigo Florentino, después de Zidane ¿quién?

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.